3 de agosto 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Retornamos, amigo lector. Cerramos el capítulo de los cupones históricos para movernos nuevamente en el presente. Honestamente, estuvimos tentados de continuar oportunamente alejados de escenas como las que se están debiendo asumir en nuestro país. Pero, usted sabe, si no trabajamos, no habrá sustento. Y nos metemos nuevamente en la selva, intentando articular este espacio diario. En verdad, lo decimos sobre el final del comentario acerca del mercado de julio, parece estar llegando el «momentum». Aquel punto neurálgico que inevitablemente uno hallará en las recomendaciones de los más grandes y probados hacedores y ganadores de mercado. Personajes de cualquier época, adscriptos a cualquier escuela bursátil, enarbolan como los mejores instantes de compra: los escenarios sumamente graves que se vivan en el mercado, o en el contexto. La expresión «cuando hay sangre en las calles...» -como metáfora- es lo suficientemente expresiva para sintetizar la idea. «Comprad al son de cañón, vended al son del violín...» es otra forma muy bella, como expresión literaria, de decir lo mismo.

Cuando a casi nadie se le ocurre andar pensando en armar carteras de activos de riesgo, es cuando hay que estar en plena ebullición y seleccionando una buena colección de títulos que serán tomados a precios viles, o cerca de esos límites. Ya no están esos mervales sobrevaluados de no hace mucho tiempo y sobre los que dábamos nuestra opinión, titulándolos de casi «milagrosos» de acuerdo con lo que se estaba viviendo como país (en momentos donde todavía algunos pregonaban que el tequila había sido peor).

El piso no está asegurado, ni mucho menos, pero no se estaría demasiado lejos. Es zona de comenzar a probarse acciones que otros dejan (no olvidar que hay muchos casos donde se liquidan posiciones de modo compulsivo, por compromisos imposibles de sostener), buscar las mejores de una posible canasta que prometa -por lo menos- poder asegurarse números sólidos de sus ratios empresarios. Y aunque no se comience la compra, ir tanteando las plazas, comprobar densidad de oferta, origen de la misma, nivel de elasticidad de las puntas de alza y de baja. Ver si la depresión está en el promedio Merval, o si su volatilidad resulta superior al promedio. Cómo es esa relación con el mercado, su grado de sensibilidad a un posible cambio de rumbo general. En definitiva, trabajar con todo aquello que es utilizado en momentos normales, sin asustarse por el escenario instalado y posibles golpes de péndulo en la tendencia. La verdad de Rotschild, de «comprar ovejas y vender ciervos», implica que hay que seleccionar esas ovejas cuando la mayoría huye de ellas.

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