4 de agosto 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Ayer apuntábamos a estar cerca del mercado y no alejarse del mismo, aunque vengan pasando a degüello, y ensayar la idea de una buena selección de especies para extraer buen partido de una reversión. O, al menos, saber que se puede seguir sufriendo pero con papeles que tienen un respaldo en su valor, por encima de sus precios demacrados. Otra cuestión es anotarse en la procesión de siempre, de declamar: «El Merval está muy barato...» y hacer de ello un ejercicio rutinario que se repite desde los «500», después en los «400», ahora en la zona de los «300». O pretender que somos víctimas de una injusticia, de una confabulación de calificadoras y operadores que atentan contra bellos ratios y nos quieren voltear. O lo quieren voltear a Cavallo, o a Cavallo y a De la Rúa juntos. Patético.

La búsqueda de la conspiración y el no reconocimiento del desastre orquestado, lo que retrasa una seria toma de posición para solucionar nuestros dramas económicos y de crecimiento. Se llega a tales extremos en la caza de brujas, que todo aquel que quiera ser vendedor de un activo argentino es visto casi como un enemigo, o un solapado saboteador del gobierno y del país. En lugar de preguntarse quiénes tuvieron razón, en toda esta carrera de funcionarios versus mercados y calificadoras, se prefiere la teoría de jugar de víctimas.

Desde la primera vez en que el ministro de Economía planteó el desafío, sobre quiénes perderían apostando contra los títulos locales, es fácil ver qué le pasaba a cada uno que tomara posiciones enfrentadas.


Hoy en día todos hablan de riesgo-país, de la Bolsa, de los títulos, hasta en los programas deportivos se bajan líneas sobre cuestiones que apenas se conocen. En medio del revoltijo es más lamentable escuchar a gente de cierto predicamento en el mercado, profesionales del mismo, ensayando también el discursillo de la especulación, de lo conspirativo, tratando de hacer creer a la gente que somos blanco de operativos sin que existan causas razonables para ello. Quien consiga hacer prevalecer el raciocinio, eludiendo lo impulsivo y dejando a un lado lo acomodaticio, puede estar en las filas de los que se tomen buena revancha de este ciclo bajista. Comenzando por no cerrarse en una idea, no apostar a que ya se está en el fondo del pozo, pero vigilando puntualmente el devenir de la tendencia. Agosto empezó de un modo terrorífico, poniendo seriamente en duda la nueva frontera -de los «300»- esto debe también incentivar la búsqueda de posibles candidatos a integrar una cartera potencialmente fuerte. Sin necesidad de crear fantasmas ni inventar monstruos.

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