10 de octubre 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Las diferentes épocas, los estados de ánimo muy revueltos, las necesidades, las crisis, las guerras, todo... pueden causar distorsiones en las respuestas de los mercados de oferta pública, pero el principio que emana de esto es que es mejor ceñirse a las máximas de oro esenciales, antes que buscar improvisaciones, o la orden del «Ave María» (de la que hablamos los otros días...). Por si alguno no la leyó antes y no sabe qué estamos mencionando, se trata como el golpe salvador en el boxeo, cuando uno de los contrincantes está perdiendo por paliza. Intenta acumular las últimas fuerzas a un solo golpe, cuando lo lanza va el puño y un rezo para que pegue en el destino justo. De allí que le llamen el golpe del «Ave María», que en la Bolsa sería ese tipo de orden al todo o nada, desesperada, la que lo salvará o lo hundirá del todo a uno... Emitir la orden, rezando detrás. Y esperar el milagro... Seguramente que debe haber bastante de esto en los mercados del mundo, por estos días convulsionados, no hablemos ya de nuestro recinto porque audaces no quedan, los liquidaron a todos. No se sabe si existe «vida» bursátil en el piso porteño, los satélites lo muestran como una superficie llena de cráteres... y nada más. Metáforas aparte, que no lo son tanto -lamentablemente-ceñirse a los clásicos es siempre nuestro consejo amigable (si alguien nos lo pide). De lo contrario, mejor callar. El dinero vale más que los consejos, es una máxima de oro: la prueba es que todos aceptan dinero, pero son pocos los que reciben de buen grado un consejo. Así que la recomendación por los clásicos, por las acciones y reacciones del mercado, por la relación causa-efecto entre volumen y precios va solamente por si alguien que lee esto, ha enviado algún pedido de sugerencia ante el riesgoso momento que enfrentamos.
 
Un ejemplo de esto: la Bolsa de la semana pasada venía terrible, recuerda las cuatro primeras sesiones y bajas de cinco, siete por ciento, que se acumulaban. Pero hubo una sola señal positiva, aparecida de jueves para viernes. En ese caso los precios bajaron fuerte de nuevo, pero el volumen se contrajo, en lugar de expandirse. Y decíamos, en el comentario de viernes por la mañana, que si lo visto tomaba algo de cuerpo, ese primer armado de trincheras, de presentar resistencia a la venta, acaso podía deparar un viernes de mejor tono. Que fue cierto, con ese rebotar de casi 4% y única suba dentro de la semana. No era casualidad, ni instinto, ni experiencia, ni otra cosa que no fuera el clásico juego de precio/volumen. Que las tensiones actuales lo pueden hacer fallar, o que una noticia -que vienen en catarata-desvíe el curso de una rueda a la otra, en la «zona muerta», entre el cierre y la reapertura. Acaso no le harán ganar, pero quizá sí «los «clásicos» le hagan perder menos. (Y eso vale...)

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