Posiblemente a Cavallo le daría mucha vergüenza contar a qué había ido a los Estados Unidos y cómo le fue en su intento. Por eso eludió expresamente contestar sobre esto, haciendo de su raid un «secreto de Estado» (del que sabremos la verdadera historia, en breve). Si el lector repasa todo el montón de declaraciones sobre la situación argentina, y deba jugarse por una, esta columna se anota con la de Alan Greenspan. Quien dijo, simple-mente, que el país estaba ya para la cesación de pagos y que no era aconsejable el cambio fijo. Lo que después se deslizó por voceros locales, el mismo Cavallo, sonó a contradicción pura: y el personaje que quería inyectar la «dolarización», resultó después apostrofando contra ella. Muy sugestivo, como si al volver de afuera hubiera variado súbitamente de opinión. La realidad concreta es que en los Estados Unidos no quieren ni oír hablar de dolarizar, mucho menos tomarse el regio trabajo de andar ayudando -y fiscalizando-a un desaguisado como el nuestro.
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Se sabe que, sin el respaldo del «patrón» de la moneda, resultaría totalmente inconducente meternos en ese túnel. El problema de fondo que parecemos vivir es el choque de frente entre los intereses individuales, versus los intereses nacionales. Los que no quieren oír ni hablar de mantener el peso, devaluado, ajustado, es porque están enterrados en dólares (hablamos de los que pisan fuerte, empresarios, no de la gente común). Entonces, nada se analiza a fondo tras el preámbulo, sino que se desecha de plano esa posibilidad. Lo curioso es que ya salió alguien, de los que se pisan fuerte, a dejar en el aire la posibilidad de un Cavallo II (en cuanto a estatizar deuda privada en dólares). Lanzar el globo de ensayo, ver cómo cae, dónde aparece la resistencia: y si la hay poca, no descartemos que nuevamente la Nación se coma los pasivos de los muchachos audaces, que después terminan dados vuelta y pidiendo socorro... Obviamente, el Estado no se haría cargo de los pasivos en dólares de las personas. El asunto va hacia los grandes grupos empresarios. Y el de abajo, que se las rebusque. El fin de semana que se había rodeado de tanta expectativa durante el viernes, pasó lacónicamente, tristemente, dando nuevas muestras de lo disparatado e ingobernable que está todo. Medidas que se van a anunciar y se postergan, conferencias de prensa para no decir nada, ninguna respuesta a la parálisis que se agrava: solamente ahora colocar sobre el tapete la «refinanciación», al haber llegado a un estado no virtual, sino real, de cesación de pagos del país. Esto es la quiebra, aunque el común de los ciudadanos parezca no dar muestras de preocupación en tal sentido. Es no tener respuesta a los vencimientos y haber agotado el crédito. Es ser un paria, sobre el que los vecinos aseguran que: «La Argentina está agonizando...» (Es muy triste, pero cierto).
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