No son tiempos para andar quedándose con las vacías, hay que tratar de pegar siempre y, arriesgando poco, ir a ganar mucho. Las cosas se han descompaginando en forma, velozmente hay que retrotraer la mente a cuando en nuestro medio analizábamos inversiones desde tres ángulos distintos: el del peso vigente, en ese entonces. El de los números en dólares. Y el de los ajustes inflacionarios. Parece increíble esto, después de más de una década donde se había retornado al simple estado del número «histórico», sin mayores recovecos. Ahora se nos aparece, denso, el primero de los desdobles: el de las valuaciones en pesos y en dólares. No faltará mucho (la «maquinita» también la sacaron de los sótanos del Central y está presta a emitir billetes) para que se integre el tercer invitado a la mesa: es la señora inflación. Metidos en el «corralito», debiendo hacer malabarismos para congeniar a oferta y demanda en el mercado, para que en el plano de las cauciones los lesionados fueran a partes iguales, después de ocho ruedas de parálisis y con los ADR ajustándose en baja en el exterior, nuestro recinto volvió el jueves a la actividad y se despachó con suba -promedio Merval- de 8%. Allí, dentro de las líderes, casos notables y donde se podían anotar aumentos de entre treinta y ¡hasta cincuenta por ciento! ¿Qué pasó con el índice? Es que la ponderación actuó de formidable amortiguador, porque tanto Pérez Companc como Grupo Galicia fueron lastres de esa fecha y tuvieron que ser arrastrados, para que el resto hiciera valer sus actuaciones. En una fecha medianamente positiva y nada más, el andar de esas dos hubiera generado un saldo adverso común, seguramente.
Ese día, jueves, el dólar atravesaba la barrera de los dos pesos: costaba el doble que unas semanas atrás. En tanto, los indicadores de base de las acciones se veían puestos a menos de la mitad y esto, posiblemente, fue el detonante. Pero, ha subido lo bueno, lo malo, y lo feo. Y esto último casi de mejor modo que aquello. Alguien se va a llevar las vacías en todo esto, por más que jueguen al «atraso», a la valorización en pesos, a que habrá más chances para el mercado interno de unas, o la exportación de otras. No se puede andar tomando estructuras que tienen un par de hachas clavadas en las espaldas (con sus compromisos en moneda extranjera). Ojo con eso de tomar acciones «truchas», que como los papeles falsos de moneda, resultan muy parecidos a los verdaderos, a los buenos, pero son falsos. Es tiempo de mirar con mucho cuidado, después de tener una idea aproximada acerca del país en general, su economía, antes de llegar a lo bursátil. Y estar atentos a cotejar en dólares, pero ir haciendo ensayos sobre inflaciones estimadas en el año y cómo obrará sobre los balances. (Es un buen ejercicio y dará mentalidad renovada por el cambio.)
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