31 de enero 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

El título del comentario del día, que salió el martes, no pareció ciertamente redondo, como pocas veces se da. La idea fue decir: «La Bolsa insiste en ser atracción»... y en la última palabra, se nos aparece el hallazgo que -para serle sinceros al lector- derivó de una circunstancia obligada: como es la de hacer dos líneas, lo más gemelas posibles, para usar de título. Y la palabra más común y utilizada en este tipo de comentarios, «alternativa», quedaba larga. También lo iba a ser la expresión «sustituta», por aquel principio siempre presente de ir a los activos de riesgo, como primer sustituto del dinero efectivo, o como refugio contra devaluaciones.

Y allí surgió... «atracción». Una palabra que no tiene que ver para nada con la nómina de expresiones puramente de Bolsa, ni siquiera de la jerga del ambiente, que no define una posición mercantil, ni técnica, sino solamente una actitud que podría emerger de los movimientos que se observan. El mercado magullado de estos tiempos, muy limitado en su liquidez, con todas las contras para una Bolsa en un país metido en los líos del nuestro, que puja para convertirse en «atracción» de mercado y sin que se puedan enhebrar muy bien, los argumentos que la sustenten.

El lunes se abrió la semana con ganancia de 3 por ciento en el promedio de los Mervales, que venían a ser utilidad pura y en dólares: porque el dólar libre se mantuvo en sus bases de $ 1,65 a $ 1,80, ya reconocidas desde el viernes previo. El volumen tuvo el vuelo muy bajito que representan nada más que unos ocho a nueve millones de dólares, pero,
es lo que hay. No se puede soñar con nada, cuando no hay dinero ni para subir al colectivo.

En tren de imaginar, hagamos como Calvo, economista que días atrás observó con el más sensato de los criterios que: «Si ahora que hay una iliquidez tremenda en la economía argentina, el Banco Central tiene que intervenir para frenar al dólar, qué irá a suceder cuando exista un sistema financiero con liquidez más normalizada...» Y si con este corralito que también presiona a la Bolsa se pueden obtener resultados satisfactorios, uno podría suponer algo bastante mejorado en un circuito que suelte dinero, que busque puerto y huya de los pesos. Las acciones están en la vidriera, quieren ser figura, atracción de inversiones, contra todo lo que pueda argumentarse en su contra (como lo hacemos desde aquí, cuando algo no nos suena a poesía). Habría que recurrir a una analista de lujo, que no se llame Abby Cohen, sino Sor Juana Inés de la Cruz: y ella podría sintetizar esto, con...
«encuentro un no sé qué para quererte y muchos sí sé qué, para dejarte». Bravo.

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