28 de febrero 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Podría alguien, o muchos, preguntarse por qué se resolvió que algunos dispuestos a salir de los alambres de púa del campo de concentración financiero lo hicieran por un estrecho pasadizo, y por un término limitado de tiempo, dirigido a dos rubros. Inmuebles y automóviles. Se les responderá, seguramente, que es por el efecto multiplicador de esos dos renglones. Una vieja frase de molde que, para nuestro medio, ha caído totalmente en desuso. Ya no hay multiplicación que valga, apenas será el intento de no perder definitivamente a las pocas terminales que no se han ido al competidor brasileño. Y evitarse uno de los movimientos más molestos para los funcionarios, como lo venía siendo la reunión en Olivos de todos los martilleros -y afines- que desfilaban como las comparsas bien organizadas. Venía la pancarta señalando el barrio al que pertenecía tal columna, y así... Es tan frase hecha, arrugada, aquello del efecto multiplicador y darle la mano solamente a un par de actividades (quizás no las más convenientes si se lo estudiare desde otros ángulos económicos, o fiscales), como el seguir hablando del «socio brasileño». No lo es. Es un competidor, y de los más agresivos, como lo hemos sido siempre con todos los limítrofes. Si hay una Inglaterra en Europa, siempre de punta con alemanes y franceses. Lo están, entre estos dos últimos. Y en nuestra región, todos sabemos cómo se opina. El tema es que en Brasil toman la cuestión como lo que es. Y aquí parecemos, realmente, el socio bobo que toda compañía suele tener (y al que dejan sin las acciones y sin un peso...).

El asunto que habíamos dejado pendiente ayer tenía que ver con esa acción que desempeñan los papeles privados, frente a las devaluaciones. Se suele decir que «siempre han funcionado de tal modo, etc. etc...». Decíamos que lo vimos bien claro, recién después de 1975/76, donde la gente comenzó a actuar como los empresarios que se compraban sus acciones fuertemente devaluadas: pero, con sus activos intactos. Inclusive guardando grandes cantidades por la inflación acumulada sobre tales activos. Pero, decíamos también ¿sigue valiendo esto para hoy? O será que solamente se han mimetizado con el dólar, por una cuestión de ser la única salida del campo de concentración financiero. No hay que engañarse, o tratar de engañar a otros, estas empresas ya no son las mismas «intactas». De ellas quedan muy pocas, las impecables y administrativamente clásicas. Otras se tentaron con la fiesta de la década, emitieron a cuatro manos, compraron lo que no podían. Se quisieron recibir de magnates, de «grupo importante». Y se buscaron la quiebra de una manera tan entusiasta, como absurda. Hay mucha empresa colgada del gancho, faenada ya, pero que se pasea de modo virtual. Y hay gente que dice verla, pero es la imagen solamente fantasmal, vivencia del más allá, donde más de uno puede quedar: francamente crucificado...

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