10 de junio 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Zorro viejo... cuando Alan Greenspan realiza declaraciones, las mismas son como las buenas camperas -reversibles- sirven tanto para el frío, como para la lluvia. Y como para que un medio las identifique como que «La economía de Estados Unidos está floja...». O, con los mismos considerandos, otro medio intérprete que: «La economía de Estados Unidos va en proceso ascendente». Todo por el mismo precio y con la precisa habilidad dialéctica de estar aquí, pero también un poco más allá, o también un poco antes. No solamente lo dan los años, sabido es que se puede llegar a viejo y ser siempre un: tonto viejo. Pero, estar muchos años y conviviendo con muchos gobernantes en la principal economía del mundo, debe dejar bastante. En definitiva, las declaraciones literales de don Alan resultaron así: «Estamos atravesando un período flojo, pero las señales parecen resultar cada vez más positivas. El PBI no llegará al ritmo de 5,6% anual, como el de enero-marzo y no vamos a crecer al ritmo del primer trimestre, eso es seguro».

¿Qué le quedó? Un poco de todo, nada de nada, estamos flojos pero hay señales mejores y no vamos a crecer como crecimos. Bueno, dirá alguno, lo vimos días atrás a Lavagna en un programa de televisión y parecía, más o menos, lo mismo. Sí, le diremos, pero uno es por pícaro y el otro es por desconcertado y confuso. Son motivos distintos...

Tenemos un funcionario que ya es virtual, presidiendo ese mismo Banco Central del que hablamos un par de veces con motivo de un aniversario de la entidad, y que -dicen- está afuera, pero se queda para un trabajito de dejar la casa en orden y ayudando para con los amigos del Fondo Monetario. Un Central que tiene de esas autarquías a la Argentina, donde cualquier ministro de Economía se ofende si el presidente del Central lleva adelante políticas monetarias, que no responden a sus lineamientos. Subordinación y valor, es la consigna que se pretende de todo organismo. Al que, en algún momento de la historia, se lo inventa como autárquico (así sucedió con la Comisión Nacional de Valores, que terminó siendo un simple resorte de Economía).


Nada es creíble en nuestro medio. Y lo
fiduciario es lo único que nos puede sacar adelante, si es que no aparece un «plan Marshall» que inyecte combustible. Y no lo habrá. Nada, ninguna medida, ninguna vuelta a la convertibilidad, ni un invento financiero, podrá dar vuelta la tendencia si no surge la confianza de la gente. Y no se trabaja en esa dirección. Con un presidente del Central que ya se baja del caballo, por absoluto desacuerdo, no es para nada insensato que la Bolsa haya dibujado ese circuito fatal de todo mayo y lo que va de junio. Quizás, se piense que dispersando inflaciones de 4% mensuales, la gente creerá que todo está bien. Lo peor: que nadie se ofende por dichos como el del presidente uruguayo. Demostrativo.

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