4 de noviembre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Siguen los dislates en los centros de poder, los que deben ser precisos y claros, justos y coherentes, para que los gobernados sepan a qué reglas atenerse (y, más que eso, poder entender las razones que le dan curso). El tema es otra vez el «ajuste por inflación», el que no debe retornar por moda, o porque exista alguna intención falaz en las sociedades: sino, llanamente, porque retornó la inflación.

Hubo un dictamen de la Procuración, de inicios de octubre, por medio del mismo se niega a las empresas introducir el ajuste en sus balances. En medio de esto, aparecía el Ministerio de Economía diciendo que estaba estudiando un «coeficiente» especial, que se aplicaría por única vez (el primer semestre). La nueva posición pertenece a la AFIP, quien se negará a admitir los ajustes... Hasta que no cambie la ley.

Como se sabe cuánto tardan ciertos procedimientos legislativos, lo más probable es que se jueguen a ésa: a que en la medida que todo se dilata, se podrán seguir cobrando sobre ganancias inexistentes en lo real y que si esa ley se modifica -algún día-, aparecerá el recurso de decir que no puede ser retroactiva. Y así «plin caja», andá a cantarle al gobernante que tenga la desagradable tarea de dirigir este «rompecabezas» argentino al que cada vez le faltan más fichas. Y se sabe que el modo inevitable de no poder armar un juego de esos, es que le falte alguna ficha... .

Pero, Lavagna no se detiene y en un rasgo de generosidad adelantó que se estudia una rebaja de dos puntos en el IVA: solamente para noviembre y diciembre ¿Por qué para esos dos meses, solamente? Quizás, para crear el escenario artificial, vías la estacionalidad por las fiestas, de que el «país está en marcha». Un latiguillo que cada día les gusta más a gobernantes transitorios que quieren ganarse alguna medalla, por las dudas. No sea cosa que la gente les pida que, por favor, se queden: en aras de los grandes progresos que han gestado.

No es una mala fórmula esa de declararlas en «default», no pagar desde el diario hasta el almacén, y decir en ese mes que hemos obtenido el gran logro de hacer alcanzar el dinero y cerrar las cuentas, hasta con superávit. Parece olvidarse con entusiasta frecuencia que ni en los compromisos oficiales, soberanos, ni tampoco en buena parte de los privados, se ha cumplido a lo largo del año. El
sainete tiene cada vez más autores que le escriban, mientras las peores industrias son las únicas en mostrar una dinámica notable: caso, los secuestros. Mientras los medios, en buena mayoría, prosiguen colaborando y remarcando sobre «la buena noticia... de un secuestrado que apareció en libertad». Y estos empresarios del miedo estarán montando operativos cada vez mejores, financiados a diario ante una sociedad que no sabe qué rumbo tomar. En lo político, un circo, como para hacer la trilogía: dislates, sainetes y circos. En tal «hábitat» nos estamos desarrollando y -al parecer- nuestra capacidad de adaptación, es notable.

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