17 de diciembre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Se siguen tensando las cuerdas que nos ligan a una comunidad económica internacional y se están haciendo más áridas las posiciones de quien está en el lado desfavorable de la mesa: nosotros. El común de la gente, después de haberle marcado el supuesto enemigo de su economía, al día de hoy es probable que vea con buenos ojos la negativa a cumplir con los compromisos y a ese colocar contra la pared al organismo internacional, bajo el lema: «Si no hay acuerdo, no pagamos». Lo está realizando un gobierno que se alistó como de simple transición, aunque está jugando cartas tan fuertes que hace temer por la suerte de cualquier candidato que sea elegido en las urnas. Duhalde no fue elegido. Pero asume la posición de jugar al todo o nada, arrastrando a la sociedad a un camino de montaña, del que se puede despeñar sin más remedio. Se gesta una posición de tanto riesgo, mientras no se le explica a la población cuáles son las consecuencias de tomar una dirección o la otra. Por ahora, se han acuñado frases del tipo Nielsen, que si el país paga sus compromisos, para mayo se quedaría sin reservas.

Lavagna
pregona que durante el año abonaron unos 4.300 millones de dólares, lo cual, a la vista de los resultados, fue una sangría inútil. Más valía, entonces, quedarse con la declaración de «default» aplaudida en el Congreso.

Hoy estarían tan complicados pero con 4.300 millones más de reservas. Dicho de un modo lineal, claro...

No se tiene plena certeza de cómo van siendo los pasos de castigos ante los sucesivos compromisos que se repugnan. Pero así como en
Ambito Financiero se publicaron esas disposiciones reglamentarias, no están en el manejo de la mayoría de las personas. En teoría, entonces, esas reservas que se contabilizan día a día no son en verdad de nuestro Banco Central sino del acreedor. Es como decir que no le abonamos la cuota de un crédito al banco que nos concedió el préstamo, pero que tenemos en nuestros bolsillos más dinero para gastar o guardar. Una falacia más. Así como en los crudos momentos de los arreglos por el Beagle, tendría que existir un esclarecimiento total y por los medios masivos, para todo público, acerca de qué puede suceder y a qué deberían atenerse los ciudadanos en los casos de hipótesis de máxima. El no pago. La ruptura. La aplicación de sanciones escalonadas. La hipótesis más halagüeña (la apuesta de nuestros políticos) debe pasar por: «No pago. Firma igual de un acuerdo». Que nos muestre como vencedores.

¿No sería esto un disparador, para que otros países jueguen la misma charada? Y si el caso argentino pasa a ser jurisprudencia, ¿quién rearma después un nutrido pelotón de deudores invocando el caso y pretendiendo el mismo trato? El cruce de estos días entre autoridades locales y del FMI no parece tomarse con la debida preocupación general. Acaso, porque no se sabe
qué se juega.

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