31 de diciembre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Pobre lector, nos da por pensar, de qué modo se debe sentir atosigado por algunas reiteraciones periódicas que parten de estos cupones. Pero, es que desde siempre creemos que si algo se debe hacer por el que dedica alguna parte de su tiempo a leer lo que escribimos, es serle veraz (en el único sentido de la palabra, el de decirle aquello que, honradamente, creemos que es la verdad). Y, además, intentar -al menos- que algunas cuestiones de fondo de la tan versátil actividad bursátil, la tenga presente. Si no es para utilizarla, cuanto menos para disponer de ese punto de vista y cotejarlo con el propio. Todo este preámbulo viene a cuento, en este remate del ejercicio sin Bolsa, para marcarle a fuego el concepto sobre el que se debe tener prevención. Es la idea, corroborada por los datos objetivos, acerca de que tenemos un mercado que ha subido en precios, pero que -a pesar de lo bueno del alza- no ha podido crecer. Y es el crecer en el aspecto básico, el de ensanchar al tiempo que se va en estatura. O veremos una figura, como la que se plasma en estos finales de ejercicio accionario; un flaco largo, con lo que las madres llaman «el estirón», pero que ha quedado con los pies pequeños.

Donde pega esto, donde engendra un peligro potencial, en que el equilibrio es precario.

Si los vientos soplan del cuadrante correcto, se mantendrá erguido a pesar de los pies reducidos.

Lo que hay que tener presente es qué puede ocurrir si se tropieza con alguna piedra fiera, o si el viento a favor se vuelve en contra. Y ahí, te quiero ver, diría el paisano...

Una Bolsa confiable, en su tendencia, tiene inevitablemente que crecer: a lo alto y a lo ancho. Si es solamente en uno de sus indicadores de medida, en este caso los precios, pero pretende seguir caminando sin poder ampliarse de abajo: el poder de asimilación, frente a una toma de utilidad que sea solamente el disfraz del llamado «enchufe» de posiciones, es muy limitado.Y, para colmo, en un concierto de profesionales intervinientes, es difícil que haya muchos lerdos para salir. En general, quedarse con el pincel y sin la escalera, le toca al inversor de la especie no «habitué» y que se mueve mirando la cartera entre otras actividades. Posiblemente, haya unos cuantos de los lectores de esta columna diaria, que revistan en tal categoría. Obviamente, todo lo dicho va más dirigido a los que están más lejos de la cocina del negocio, que a los que se cruzan espadas ruedas tras rueda.


Así que, con las debidas disculpas -por lo fastidiosos en esto-, dejamos clausurado el ejercicio 2002 no haciendo elogios mayúsculos a lo obtenido por las acciones. Y tampoco para batir parches sobre tal, o cual, papel. Sino que preferimos que a alguien le pueda servir el consejo, de no perder de vista ese desfase entre precio y volumen. Si hay que expresar algún deseo:
que haya más órdenes...

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