2 de enero 2003 - 00:00

Cupones Bursátiles

En el país de las falacias groseras, no podía faltar una versión antojadiza del índice de desocupados bajando, computando a la dádiva temporal como «trabajo» y -deduciendo desde allí- una cantidad de personas que ni se enteraron de que han cambiado de estado: antes eran carenciados, pendientes de la mal entendida caridad oficial -aunque, lógico, podría pasar como paliativo antes que nada-ahora subieron de segmento en los escritorios del INDEC y en los voceros políticos, que se solazan creyendo que con esto dan otra muestra de mejorías.

Como el papelón era mucho, y ya no quedan demasiados tontos en el país, se apresuraron a blanquear ellos mismos que la rebaja de varios puntos era por vía anormal: pero, pasaba más desapercibido el verdadero asunto y que era una suba -en lugar de un rebajeen esos datos. Nada cambió. Nada va en vías de cambiarse. Los males que nos han corroído desde adentro siguen estando todos y alguno más que, como éste, se suma en la sofisticación también de los desvíos. (Y, para eso, los argentinos no le tenemos que envidiar nada a nadie: somos ventajeros como el que más. Y, nuestros campeones, suelen darse el placer de ir bien hacia lo alto de la pirámide...).

Con éstas y otras beldades, hemos dado por finiquitado un año, que no ha sido de transición hacia nada. Solamente fue una coma, en la frase de la historia, para que el texto que hemos venido escribiendo prosiga dentro de la temática. No hay punto y seguido. Mucho menos, claro, punto y aparte. Que, para ello, se precisaría un filtrado que casi nadie está dispuesto a realizar. Parche y siga, hasta la próxima pinchadura...
  
Lo sentimos, no podemos ser publicistas bursátiles, pretendiendo transmitir ideas racionales que no tenemos en la misma dirección, de lo que bastante se deja oír por el ambiente. ¿Cuándo será el cambio de ideas? Cuando podamos apreciar un mercado que deja de ser de unos pocos y tienda a crecer, en esa base de negocios que no ha respondido ni ante los grandes saldos en precios. Cuando se pueda detectar la fase de «acumulación», precursora genuina del «crecimiento» y la posterior «maduración». Seguimos fervientes con que los ciclos vitales se cumplen a rajatabla, se trate de la vida, o de los mercados. Nada puede echar músculos si carece de esqueleto, a menos que se pueda inflar y lograr un cuerpo «fofo», de una vigencia acorde con la suerte. Se pueden nombrar papeles individuales, nominarlos como potenciales ganadores, algún que otro sector -que, después de todo, saltan a la vista-pero acerca de la debilidad manifiesta del sistema, como conjunto, no hay mucha pretensión de profundizar. Nos vamos con negocios diarios de unos $ 15 millones en acciones, qué es esto si no: unos 4 millones de dólares... El doble, no mucho más, que le-janos tiempos antes de las máquinas, del SINAC, de las opciones, de las comunicaciones veloces, y (si nos apura)... No mucho más que en la «tiza».

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