6 de febrero 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Los ardides, buscando engatusar ciudadanos, resultan hoy cuestión corriente: en un mundo político global que deja su honor a jirones, por donde se lo busque y en el idioma que se prefiera. Estafar la credibilidad de la gente no aparece como un peligro mayor, en el listado virtual que los gobernantes deben poseer.

Este lunes, cuando la congoja ganaba una vez más a un pueblo norteamericano muy sensible desde las «Torres», o con las angustias por la guerra en ciernes, y viendo cómo se regaba parte del territorio con esquirlas de una nave espacial: justamente, en ese lunes, dieron allí a conocer que el déficit del Norte para 2003 y 2004, alcanzara pavorosos niveles que marcan otro hito histórico. Muy arriba de los 300.000 millones de dólares, con una economía que tartamudea un repunte que ciertos datos después desvanecen, esto debía resultar «el gran dato» de inicios de año, no solamente para ellos sino que al pertenecer a la locomotora del mundo, observar el desliz de la administración Bush, envueltos en retorcidas «cruzadas» modernas, es para poner los pelos de punta...

Pero, no mereció demasiada atención, sepultadas esas cifras por mentes y corazones que atendían a una tragedia. Una especie de «viveza criolla», cuya utilización en buena medida nos llevó a esto, pero con versión yanqui.

Aquí, se suelen utilizar los sábados, los feriados largos, inclusive hasta el propio 31 de diciembre para anunciar, o firmar, todos los decretos y medidas que pudieran generar urticarias en los medios y en la gente. Los aumentos de la nafta, o de cualquier servicio, nunca caerán en un martes. Un decreto para salvar cuentas empresarias muy en rojo, jamás se daría a luz un jueves...


Y a los desconcertados muchachos de la economía rectora, la tragedia del «Columbia» les permitió pasar por debajo de las puertas, cifras que puedan estar señalizando al año con lo más temido por todos en estos momentos de inestabilidad: que sobrevenga una etapa de
«recesión» (lo que ya se comentaba en Davos, con insistencia) para los grandes primero y, por directa consecuencia, para todos los países que deben comerciar con Estados, o Europa, de modo desesperado. Es el «gran dato», no lo pierda de vista, un regreso a la zona del déficit descomunal de la economía mayor, que además está incurso en una aventura por la que todos los sensatos temen.

Imaginar que los precios de los productos que exportamos no encuentren un nivel de sostén prudencial, o que las puertas se vayan cerrando una a una, o bien que se generen «bolsones» globales de donde los excedentes se rematan, sin respetar ni límites, ni éticas, ni «dumping», resultaría muy difícil de soportar para estructura tan fatigada, como la de nuestra nación. Entrar en zona de «fricción», aumentar temperatura en lo económico y lo social, que ya viene recalentando, casi sería como estar a bordo de un «Columbia» y sin la cobertura suficiente...

Dejá tu comentario

Te puede interesar