Es lo que sucede cuando los ciclos entran en la natural etapa decadente, siguiendo en lo bursátil el mismo proceso que el de la vida: nacer (etapa de acumulación), crecer (etapa de crecimiento), envejecer (etapa de maduración) y, finalmente, morir (etapa de dispersión, que puede ser suave, o bien tumultuosa, en forma de «crac»). No es novedad, se dirá, todos lo asumen, o lo resisten. En ambas cuestiones, tanto en la vida como en la Bolsa, hay muchos que sueñan, con juventudes eternas, o con alzas que no terminan nunca. La ventaja del ser humano es que puede mirarse a un espejo y darse cuenta, en un momento, de que ha llegado el instante de otra etapa. Pero, las carteras bursátiles no se miran a un espejo, y llevan encima toda la energía desatada -la codicia- del que ya se niega a razonar lo que sucede, o que no quiere escuchar consejos de nadie ¿Y qué sobreviene después? Pues, lo que ahora llega desde España, donde las familias se habían lanzado con todos sus ahorros a servirse del ciclo bursátil que imitaba al Dow, o a otras Bolsas de Europa, hasta que en los primeros nueve meses del año pasado: el estimado es que los activos, decrecieron en más de 93.000 millones de euros. Esas familias decidieron salirse, vender a como diera lugar, recoger los restos de los que entraron ya en el fin del auge, descomedido, y volver al refugio de «inversiones más seguras» (en España, todavía se puede hablar de ello, aquí no quedó ninguna con tal perfil). La caída de la inversión, a través de lo retirado, bajó en más de 20% del PBI español, y lo peor del caso es que: muchí-sima gente no se acercará a la inversión de Bolsa por muchos años, acaso inyectando la visión negativa a sus descendientes... La pregunta que cabe hacerse es ¿hasta dónde se puede echar culpas al mercado y hasta dónde la gente se expone, pensando que todo debe seguir subiendo indefinidamente? Y en todas partes es igual, desde siempre, baste recordar el show del NASDAQ, la «nueva economía», los disparates de subas diarias y nuevas colocaciones que volaban de inmediato a las alturas la tremenda caída posterior, que arrastró gente, sociedades, mercado, y que ha dejado también su sello en muchas familias de Estados Unidos. Es el día de hoy que Wall Street intenta recobrar vigor y tropieza a menudo, que la fuerza se termina pronto y las manos están veloces, para dar lo que tomaron unos días antes. Cuesta mucho armar un ciclo, cumplir las etapas y que se mantenga disciplinado en sus evoluciones. Sin embargo, destruirlo puede ser cosa de una semana, el pánico es mucho más presto para prender y expandirse y siempre el movimiento alcista lleva mucho más tiempo. El bajista es como un tajo, la hemorragia, y significa mucho tiempo: pero, para que se pueda reconstituir la piel del mercado.
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