27 de marzo 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Ya las cartas se van ordenando sobre la mesa del mercado. Viernes y lunes resultaron el cara y ceca, el as de un lado y el lomo del otro, muy estrictamente reflejado por ese «termómetro» (ahora reverdeció laureles) del que siempre se habla en los libros de técnicas bursátiles: el termómetro de los índices. De un rozagante 3% de alza en el centro principal, que originó cables por el mundo hablando de la mejor secuencia alcista en varios años, para el lunes todo se volvía a derrumbar.

Y el ritmo lo establece la volátil opinión, que emerge de los propios centros implicados, sobre: «guerra corta» vs. «guerra larga». El pedido de Bush a sus tesoreros, recabando algo así como una tercera parte de nuestra deuda solamente alimentó malas ondas para los operadores y esto se reflejó de una «sobrecompra» a una «sobreventa», dejando a los que se movieron en las dos direcciones y buscando actuar sobre la hora: la desagradable sorpresa de «perder yendo y perder viniendo» (lamentablemente, no se puede reproducir por recato, un viejo aserto bursátil que gustaba repetir el gran Walter Gysin, que grafica muy bien al que pierde comprando y después pierde vendiendo. Era algo así, como «lo agarra el monstruo de dos cabezas...». Quien se acuerde, se estará sonriendo ahora). Ayer, por eso lo dejamos como testimonio, teníamos que referirnos al repunte de aquel viernes: donde cada quien parecía repartirse el botín de la guerra, por anticipado.

Fue, el lunes estamos escribiendo sobre otro viejo consejo -de Wall Street- y que se refiere a: «no vender la piel del oso, antes de haberlo cazado». No se está tratando con un asunto sencillo de evaluar, no pertenece al arsenal de datos que colocan los analistas en la licuadora para determinar el curso, o nivel de la tendencia. El mercado archivó los volúmenes sobre una guerra, además no parece resultar compatible aplicarlo el dibujo de un Vietnam, o del Golfo, a lo que se desató ahora. Mucho menos cuando hay una ONU profundamente fracturada, cuando se cruzan fuertemente intereses sobre esa reserva petrolera en danza y aquellos que ya tienen los pies en Irak, comerciando, con los que los quieren tener al costo que sea (y de paso, desalojando a los que están). Un «matete» tan difícil de poder adivinar, en los hechos y sus secuelas, que resultaría muy soberbio y expuesto, el inversor o pronosticador que quiera tomar posición por lo que le llegue en un día, de fuentes seriamente condicionadas. ¿Cuál era la verdad de lo que estaba sucediendo en ese desierto? Lo que difundía la CNN, a través de lo que le permiten decir, o lo que replicaban fuentes iraquíes? Todo un dilema, pero la carta que desestabilizó el lunes vino desde el pedido de Bush y la difusión de que hay bajas y rehenes norteamericanos, como para poner a una guerra en lo que es: y no en una simple película. Para mañana, quizás haya que variar el curso, o no. Pero, lo único seguro serán los saltos mortales de índices, a los que se deben acomodar los análisis y comentarios.

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