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No apareció la «alfombra mágica» que se presuponía, una vez enderezada una campaña del desierto que se había visto cuestionada en semanas anteriores. El concepto de «guerra corta» encajaba bien en lo que querían los operadores, respecto del tiempo insumido. ¿Qué había ocurrido, entonces?
Solamente suponer un retardo en la reacción, por simple desconfianza a las informaciones sesgadas, o bien que la tendencia está herida bastante abajo de la línea de flotación. Y esa línea de flotación pasa por lo bélico, es lo que agitaba las aguas en superficie de todos los indicadores bursátiles. Debajo de ello, están intactos los orificios a tener que taponar en el casco. Llámese una economía tambaleando, muchos interrogantes sobre el pos Irak, en cuanto a mantener posiciones y seguir demandando dinero público, mientras que varios segmentos de todas las economías ya están sufriendo horrores. Como el panorama de las compañías aéreas. Un informe de quien está a cargo del organismo, que centraliza a las firmas latinoamericanas, daba el siguiente panorama: «hay unas 50 compañías en la región, 85% ya trabaja a pérdida. Y se estima que alrededor de la mitad, presenta una quiebra técnica...». Es la arista más saliente, pero el efecto «cascada» habrá de sentirse como los bombardeos.
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