Puede ser que algunos de esos buenos consejos, que no han sido pensados para la Bolsa, pero que encajan maravillosamente, caigan ahora en instante oportuno. Porque lo que fue determinación hace poco, después pareció transformarse en desorientación. Y entró en la semana, con la rueda del martes, en la punta de una depresión; todo a distintos precios Merval, pero en un período tan corto, que en un gráfico del año pasará inadvertido. Nos remitiremos, entonces, a que se haga verdad una vez más lo que en muchos casos extremos nos ha servido de guía. Y dice, simplemente: «Ten siempre la memoria, para saber de dónde venimos, la premonición, para intuir adónde vamos, y la percepción, para no llegar demasiado lejos...».
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Ni siquiera tenemos registrado al autor, si lo hay, es de esos pensamientos que uno ha encontrado casi tropezando, en alguna página amarillenta, o de alguna voz cascada que lo repitiera. Lo anotamos hace mucho, lo llevamos en la agendita gastada, de cabecera, aquella que todavía tiene teléfonos de ENTel (o de Argentina de Teléfonos) que -como acción cotizante-daba espectáculo en el «viejo recinto», empresa derivada de la vieja «Erickson» y que cubría el litoral con sus servicios). Memoria, premonición y percepción pueden ser tres condiciones esenciales para la hora. No sólo para la bursátil, mejor todavía para la otra, la onda mayor, la que nos regirá durante cuatro años y en un país donde hay ya «tolerancia cero» y «margen de error cero». En un alarde que no lo deja muy bien parado, uno de los candidatos se está paseando por países vecinos y reuniéndose con presidentes en ejercicio. Antes, a esto se le llamaba «gastar a cuenta...». Dentro de lo bursátil, se le podría aplicar la ingeniosa precaución de: «No vender la piel del oso antes de haberlo cazado». La ciudadanía está como la Bolsa, plena de confusión y de contradicciones, mientras le han instalado una idea que suele prender: venciendo al autor de todos nuestros males, lo que venga será floreciente. Hasta que, después, todos nos damos cuenta de que una decadencia se forma de muchos, por mucho tiempo, y que los blancos fijos sirven nada más que para no tomarse mucho trabajo en discernir. Un simple candidato que se entrevista jugando al presidente virtual podría llegar a hacer el peor de los papelones si es que se da vuelta la taba. Hoy, con la gente horrorizada de otras cosas, acaso pase de largo lo que no es un detalle menor y hasta irrespetuoso para ciudadanos que están buscando un supuesto «mal menor», no un gladiador. En la Bolsa, la desazón fue en línea proporcional a un desaforado optimismo, por un candidato que no llegó a la final. Lo denotó antes, lo está queriendo mostrar después. Y al mercado, a sus componentes, justamente les faltó «memoria», dejaron de lado la «premonición» y quizá les falle la «percepción». Porque si hay algo que nuestra historia nos deja saber es que en nuestro país no hay nadie que merezca que uno se juegue entero por él. (Al menos, en política.) Informate más
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