Ya enviado el material que saldría el miércoles acerca de lo que había corrido fuerte en el sector financiero, nos enteramos -al instante de realizar estos cupones- de que ya se daba marcha adelante con ese nuevo «elefante blanco» que las febriles mentes de los funcionarios se empeñan en bosquejar. Lo de los «elefantes blancos» es -justamente- un ingenioso cuento de Mark Twain para tomarles el pelo a los grandes aparatos, que se creen eficientes y también infalibles, pero que no pueden encontrar un elefante, y nada menos que de color blanco, a lo largo de sus peripecias. Una estructura, por encima mismo del Central, para realizar un seguimiento de bancos y depender, obviamente, directamente de Economía. En la nota de ayer nos preguntábamos acerca de los alcances y de qué áreas cubría -además de bancos-, porque la inquietud podría extenderse a lo largo de toda la comunidad financiera (incluida la de los mercados). Podrían quedar como los primeros empleos públicos, generados por la nueva administración, dispuesta a refugiarse en el pasado con tal de irrigar algo de «magia» sobre la gente, que está desesperada por volver a creer en algo. Inmediatamente han surgido apoyos de quienes ven una nueva oportunidad para desarrollar cotos de caza cerrados con los que se puede incrementar la ganancia sin molestarse mucho por la producción. Acaso muchos de los que pasaron de industriales a importadores estén desempolvando escritorios para reconvertirse en industriales. Que el péndulo es tan dinámico en nuestro medio como para pasar de una economía totalmente abierta sin restricciones de ninguna índole, permitiendo verdadera devastación local, a otra donde se quiere hacer un nuevo «totem» del consumo interno, como reactivante, y buscando exportarles a los demás pero sin comprarles. Un jueguito que podría traer serias complicaciones, simplemente porque los demás no tienen un pelo de tontos (como sí los hemos tenido aquí en cantidad). A todo esto, en la rueda del lunes y sin participar NuevaYork en nuestros mercados, el recibimiento al nuevo gabinete atravesó la frase de molde de: «Un sobrio desarrollo alcista». En verdad, como si nada hubiera sucedido, el mercado accionario porteño se marcó con un leve porcentual de mejora y unos $ 15 millones de efectivo. Esto último pareció el dato más rescatable, en función de otras ruedas, actuando solamente con el ámbito local y donde no se cosechaban más de $ 5 millones de volumen. Hay un poco más de dinero propio en el circuito, una mitad más en la que aporta el trabajo global, y para formar unos $ 30 millones, promedio, de la actualidad. No es mucho, pero tiene lo bastante como para dar alguna buena liquidez a una docena de títulos, al menos, y a veces procurar expandirlo a las medianas y menores. El segundo día, el martes -para nosotros desconocido en el momento de escribir-, y con el mercado global actuando, podrá dar alguna avanzada acerca de qué se piensa y se siente dentro de los sectores financiero y bursátil sobre el inmediato porvenir derivado de las medidas anunciadas y de otras. Hay una tendencia un tanto insólita de hacer reverdecer o crear problemas aun donde no los estaba habiendo. Siempre ha sido mala táctica dar pelea en todos los frentes, más todavía cuando se tiene un país exhausto de desgastes.
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