Que Estados Unidos no pueda salir de la imagen recesiva y que Europa se vea arrastrada hacia ello, ya resulta un fenomenal problema para economías menores: que precisan de los grandes mercados. Pero que el socio gigante que tenemos al lado, surque por diques secos, con toda la diferencia industrial que posee respecto de los demás en la región: es más que un fenomenal problema para pensar. Es un problema para el que debemos prepararnos, de inmediato. Todavía en las altas esferas se está en la discusión sobre si Brasil está acelerando el camino a inyectarnos de productos, o si las señales no resultan suficientes para creerlo. Aún con el peligro que significa comerciar con un país «defaulteado», desde lo oficial y lo privado, que todavía arrastra compromisos impagos de la zona del «uno a uno», cuando la industria genera excedentes por achique del mercado: lo que sucede es que se forman los clásicos «bolsones» que van tocando puertas en el mundo, para entrar como se pueda. Y la primera puerta del pasillo brasileño, es la nuestra. Cuando aquí recién se comienzan a bulbucear algunos intentos de regenerar tejidos, estropeados por la crisis local y por muchos años donde las plantas se desactivaron. Un ingreso creciente de productos brasileños estancaría todo nuevamente, los pretendidos empresarios «fabriqueros», retornarían al rol del empresario «importador»: donde no se corre con los riesgos de obtener financiación, tropezar con problemáticas laborales, o peregrinar buscando reabrir puertas. Carteras de clientes que se perdieron en el tiempo, maquinarias que no se han actualizado, líneas de crédito cortadas, imponen de una realidad que transfiere los deseos a una ocasión de hacer lo más simple: y ganar igual, menos en cantidad, pero compensado por la ausencia de disgustos. Un Brasil en recesión, es muchísimo peor que regiones más lejanas, es un llamado de «luz roja» para los planes gubernamentales y para la salud precaria, del paciente argentino industrial. Obviamente, es también una llamarada a la que se debe seguir de cerca desde la inversión bursátil, que ha convocado algunos capitales entusiastas, pero de pies tan ligeros que parecen caminar en el aire sacando partido del momento y prestos a huir, ante el menor sonido sospechoso. El fortísimo recambio de posiciones llevado adelante especialmente el viernes anterior distó de resultar algo dentro de marcos normales. La absorción, en caso de producirse, implica haber trepado un escalón, superando holgadamente los «700» del índice y yendo en busca del «800». Pero, no hay relación «precio/utilidad» que pueda resistir aumentos de veinte, treinta por ciento, en los papeles, y sin poder ser correspondidos en el ritmo, por lo que reporten como utilidad genuina. Todavía pendiente, para la mayoría, ver cómo encaran la renegociación de sus deudas en dólares, o llevar adelante el cronograma las que ya pudieron hacerlo, el efecto depresivo sobre el precio del dólar debe haber tocado un piso.
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