Intervalo. Feriado local que prepara el ambiente para la rueda de mañana y donde todo habrá de coronarse, con el festejo por el «149° Aniversario de la Bolsa de Comercio». Lunes y martes pueden resultar una página, jueves -y, en especial, el viernes- pueden escribirse de manera distinta. Antiguamente, se decía que las pizarras del viejo recinto -donde quedaban anotados hasta el día siguiente los precios y volúmenes de las acciones, papel por papel- en lo posible debían mostrarse florecientes, si era una buena época, o -por lo menos- más amortiguadas si se trataba de una zona bajista: porque realizar la cena con las máximas autoridades de la Nación, enmarcada por pizarras desastrosas, podían «predisponer mal los ánimos de los visitantes». En nuestro país siempre se ha vivido de apariencias, la Bolsa no ha sido excepción, pero obligada también por tonterías como esas: que algún funcionario, más, un ministro de Economía, pudiera considerar como «de oposición» del sistema: que hubiera pizarras bajistas.
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Hoy, el nuevo recinto no es el epicentro de los festejos, las viejas pizarras ya no están en el viejo, solamente la tecnología puede informar a los visitantes cómo ha ido la rueda de ese día, dónde los están esperando...
Justamente en julio, previo al día del aniversario, se cortó una tendencia que venía bien firme -nunca bien consolidada, porque no hay fondo para ello- y se está pisando un terreno movedizo: en especial, porque el acomodarse a volúmenes bastante inferiores, es como un régimen para adelgazar: genera nervios, ansiedades, frustraciones por una dieta generosa que ya no es la misma y -de paso- con prohibición por las viandas que más gustan. Cerca de la noche del 10, con los festejos por la Bolsa, posiblemente se retengan algunas órdenes esperando para «semblantear» el rumbo que se ratifique de los nuevos gobernantes, y, fundamental, qué rol correspondería en esto al mercado de capitales. Toda frase que quede un tanto difusa, que se preste para la interpretación, puede ser utilizada a favor, o en contra, en las ruedas siguientes. Y este año hay un cambio evidente de «libretos», después de más de una década en otra dirección. También, nos viene a la memoria el profundo temor que generó el primer triunfo de Menem, en el ambiente bursátil y, con bajas continuadas y fuertes antes de su visita al aniversario: pensar que, después, dio origen a ese primer «veranito» -con Rapanelli- que duró un par de meses de subas violentas. Los demás años, la expectativa era mínima -Menem nunca faltó- porque era sabido el tono del discurso. Duhalde tuvo una ocasión de asistir: y no vino. Ahora, y ante el carácter pasional que imprime en sus alocuciones el flamante presidente de la Nación, todos estarán prestos y tensos, por si se desliza algo que pueda caer. Al menos, la asistencia fue confirmada, y esto ya es un buen puente hacia el ambiente bursátil. No hacerlo hubiera sido para una caída fuerte de la tónica.
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