22 de julio 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Julio se ha convertido, a través de la gira presidencial, con el postre del viaje a la Casa Blanca fuera de repertorio, en un mes clave para la salud del ejercicio 2003. Todavía dando mucho para opinar qué sucedió en Europa, si esto fue una posición estratégica correcta asumida, o si debería haberse ido con otra predisposición, quedará todo inmediatamente opacado en cuanto haya paño para cortar de la entrevista con George W. Bush. Las versiones oficiales de lado, las declaraciones y fotos «pour la galerie» convenientemente discriminadas en el análisis, se dependerá bastante de lo que nos lleguen a referir los «gnomos», que puedan escurrirse debajo del escritorio y de las cortinas del salón de la reunión. Todo, o casi todo, se llega a saber de algún modo, así que convendrá dejar decantar los días inmediatos, para poder extraer conclusiones. Que no será todo a favor, ni en contra, es un dato preciso y un clásico en toda reunión de tal característica. Salvo momentos muy tensos vividos en los jardines de esa Casa Blanca y cuando Reagan le espetó a Raúl Alfonsín: «Para repartir riqueza, primero hay que producirla...», el país debería contar con un razonable estado de situación de la Argentina y su actual posición en el mundo. Después vendrá el acuerdo con el Fondo Monetario, pero tal parece que Kirchner se ha movido a un nivel político de cumbre de socios del Fondo, como para que desde allí se ordene algún convenio más laxo, que el de la simple discusión con funcionarios.

Hasta qué punto todo esto será clave para darle el teñido definitivo al año que llevamos, con un semestre creciente y hasta entusiasta en sus finales -en la Bolsa- y esa primera etapa de julio, tan gris y contracturada, queda a juicio de cada operador. Lo que es una certeza: pasa porque nadie, ni fundamentalistas ni técnicos, dejará de lado estos pasajes de política exterior, que tanto se emparentan con la rueda económica, financiera o bursátil.


Y hasta dónde fortalecerá la ratificación de la estrategia llevada, o si llega a un baño de realidad más dura y que hagan variar la graduación de lo hecho. Estamos como para pasar la situación en «blanco y negro», como dependientes aquello que regrese en las valijas del presidente de la Nación, resultará un artefacto con más poder expansivo que una bomba atómica: con la diferencia de poder dispersar más entusiasmos y bonanzas, como poner más difícil el escenario, pero con las dos cartas dentro de las maletas de ida... Nada, a lo previo a esta última reunión, nos parece relevante en lo que haga el mercado: porque se eleva una frontera desde el primer círculo que envía sus señales a lo bursátil -lo político-, para después pasar al segundo, lo económico, y rebotar en lo financiero, para tomar eco en lo bursátil. La plaza estará para lo que fue creada: hacer de caja de resonancia de las precisiones, e impresiones, de todo el período presidencial por el exterior. Sólo hay que estar atentos (y leer entrelíneas, claro).

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