24 de julio 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

En definición muy precisa, acerca de las características que tiene el vital elemento -el capital- en la redacción del diario está en una pared, como recordatorio, la siguiente: «El capital tiene el coraje de una liebre, la memoria de un elefante, y las patas de un antílope...». Corresponde al que fuera presidente del mayor banco de Austria, Werner Varga. Esto, como recordatorio, deberían llevarlo en las maletas nuestros gobernantes y funcionarios, cuando viajan al exterior a dispersar sus alucinantes expresiones, frente a gente que -hasta ahora- se considera, con toda razón, defraudada por nuestro país. Además del recordatorio sobre tales semejanzas zoológicas del capital, también deberían refrescar conceptos sobre qué significa la continuidad soberana de un Estado: sin crear compartimientos estancos, suponiendo que cada nuevo gobernante y gabinete estrenado, no debe hacerse responsable por compromisos anteriores. Si algunas expresiones de Kirchner fueron duramente tratadas, por diversos diarios europeos, esto queda como una inocentada de flamante mandatario ansioso de responder a ciertas banderas de campaña. Lo dicho por Guillermo Nielsen -secretario de Finanzas- roza lo patético: para su modo de ver la situación, como la Argentina aplicó política de endeudamiento muy negativa, y hubo muchos inversores extranjeros que participaron tentados por ganancias siderales, ahora, que todo se derrumbó, ellos se tienen que avenir a compartir las pérdidas. Convierte una colocación en papeles de «riesgo soberano», con renta fija, en una inversión en activos de riesgo puro, como pueden ser las acciones empresarias. Lo curioso es que a esto último, los gobernantes suelen llamarlo «timba», pero a la misma mecánica aplicada a bonos de deuda pública lo denominan «explicación», de tal índole. Usted, señor inversor, compró y confió en papeles argentinos porque le ofrecían una rentabilidad elevada -único modo, frente a los más seguros- bueno, ahora: embrómese. Es el modo de coacción que están empleando en esa gira por diversos países, ante la mirada azorada de los que tienen esos títulos «basura». ¿Es el modo de volver a atraer inversiones al país, poder colocar otros papeles de deuda a futuro?

Pero es que tales facilismos, basados en falacias del haber ganado mucho en un tiempo y ser pasibles de castigo después, es una vara que se está utilizando: adentro y afuera. Entre otras argumentaciones, que pueden resultar con asidero, a las privatizadas que reclaman por tarifas se las corre con «lo mucho que ganaron en la década pasada».
¿Y qué? Pero, también hay otros estrenos que prosiguen en cartel, como el haber instalado la «elasticidad de las leyes». Si un índice no conviene a un sector que se quiere proteger, se lo cambia por otro. O se retorna a uno anterior que corregía menos y si el segundo, después, corre más de prisa: se vuelve a pasar de carril el gobernante y los legisladores, estirando, retorciendo, variando, la letra legal escrita antes. Que fue de las cuestiones que nos llevaron a esto. Que después se pudo haber sostenido por el caos general, pero donde ahora se sienten cómodos, para tener justicia y economía: a medida.

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