29 de julio 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

El mercado accionario cerró con otro diente de «serrucho» en lo que hace a su pieza principal, el volumen efectivo, y esos apenas $ 15 millones rematando la semana rubricaron un tránsito de desinterés y de expectativas diluidas. Sacando fuerzas de donde no tenía, con el buen concurso de ventas que se adaptaron, se pretendió dar un marco de repuntes y de «visión optimista», por esa reunión en la cumbre del Presidente argentino: pero, de inmediato todo se desinfló, ya sin más reservas para jugarse. Y retornó el tren pesado, que concluyó por dejar un Merval en descenso de 1,3% en el período, contrastando con el Dow y un ascenso semanal de parecido porcentual. El Bovespa atendiendo su juego, pasó por una zona gris, casi sin variantes.

Y es que, por más que se quieran forzar estímulos, buscando interpretaciones triunfalistas de esa incolora serie de declaraciones, cuando llegó la verdad de pasar por ventanillas: la plaza de riesgo contestó con un desvaído dejarse llevar. ¿Hacia dónde? No lo sabe muy bien nadie, parece, ni los que están en la producción, ni en las finanzas, ni entre los propios funcionarios. Por todos lados donde se recala, se escuchan alusiones a tener «un plan sustentable» que mostrar a su frente inter-no, a los acreedores, al mundo, que intenta descifrar cuál será el rumbo que toma la Argentina: pero, debe contentarse con frases como las de un Lavagna cada vez más enamorado de su gestión. Y rodeado de voceros que dicen que ese mosaico, que se dispersa de a poco, es en sí mismo «el plan». Lástima, los únicos que entienden por un plan ese rosario de sorpresas pequeñas, habituales, son los que sostienen tal cosa desde el oficialismo. Hemos preguntado, consultado a gente experimentada, y resulta que para nadie está en ejecución ningún plan determinado.

Tal vez forme parte del plan la amenaza directa del ministro de Economía de: «si me obligan, me quedo con la plata de las AFJP». Insólito. Soberbio. Avasallante, no solamente para las entidades, sino para los depositantes en un sistema elegido. El ataque a los zarpazos puede ser plan de un felino, no queda bien en un gobernante que salta los tabiques, como si todo el país estuviera disponible a sus necesidades. Alguien, no recordamos el nombre del personaje, decía días atrás por televisión que «era mejor no tener un plan. Porque cuando se tuvieron planes, miren donde terminamos»... Una tontería. Que se hayan después desvirtuado, desaprovechado, no quita que las únicas zonas de renovadas esperanzas, de despliegue de energías, y de formidables resultados inmediatos en el país fueron los planes expuestos en una homogénea exposición y shock, por Martínez de Hoz, Sourrouille y Cavallo. Estos dos últimos, conocidos como el «austral» y el de la «convertibilidad». Capaces de doblegar una tendencia de un viernes para un lunes. Variar lo esencial, las expectativas generales, que se fundamentan en el «cambio de las expectativas racionales». Lo demás, es «cháchara».

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