26 de septiembre 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Trayéndose el título de «Conquistador del Fondo Monetario», otorgado por el supremo poder, Kirchner continúa en el sinuoso sendero de amagar por la izquierda, cambiar de frente, para volver al mismo lugar anterior. En tanto, todos los agentes económicos procuran seguirle los pasos sin que nadie está en claro hacia dónde se dirigen... todos.

También es curioso que la posición de Bush parezca ahora tan enemiga del FMI, cuando resulta ser el socio principal del organismo. Pero, yendo más allá, le dio fuerzas al presidente nacional para que ahora también «guapee» ante los acreedores privados que se nuclearon en Dubai.

En verdad, el mundo se está entendiendo cada vez menos, los mercados deben jugar a todo o nada, imaginando fuertes armonías entre gobiernos que pueden demostrar lo contrario en el primer recodo. La ausencia de Kirchner, ante el discurso de Lula en la ONU, cubierto por un Bielsa más táctico que su hermano futbolero, sembró también serias dudas sobre el juego que están desarrollando países pobres y países ricos. Dónde está la antigua y clara «alineación» de los menores, y cómo resulta la convivencia de pobres con pobres. Que cuando a Lula lo dieron de ejemplo -desde el Norte- y le llovieron los elogios, aquí no cayó nada bien, es probable que la moneda ahora caiga de otro lado y en lo que se adivina como una «disputa fría» del sur, por ser el preferido del amo.

Decíamos, ruedas atrás, que nuestro mercado está luchando denodadamente y con fuertes energías tanto en «toros», como en «osos», para ver quién habrá de prevalecer por cierto lapso y con alguna claridad de gráficos. Quizás, resulte una equivocación de nuestra parte visualizar tal puja, o esperar una conclusión, ante el panorama descripto anteriormente.

No queremos volver a imaginar que se cumpla el viejo axioma: «todos suben por izquierda y bajan por derecha», pero hay leyes que se sacan, o proyectos que se envían, que estaban durmiendo desde buen tiempo atrás en escritorios de gobernadores de los llamados «neoliberales». Pero, ningún entusiasmo debería cundir entre esos agentes económicos, porque en la vida doméstica el rol que se cumple es otro: general, apostrofar a representantes del capitalismo, acusarlos de los males de la decadencia, o prometer arreglar todos los problemas de las clases populares, mientras se cruzan afectuosos abrazos con tales sectores.


No quedan demasiado en escuadra, más bien se inclina ya en falsa escuadra -diría Discépolo- los que se subían a criticar, y vituperar, al emperador del Norte y sus actitudes para con el mundo. Mejor, preguntar al círculo presidencial si es que se debe elogiar, o pegarle, al que está perdiendo popularidad aceleradamente entre su propia población, por los dislates bélicos y económicos cometidos. Todo contribuye a la confusión mayor, poco al esclarecimiento de políticas y rumbo.

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