29 de septiembre 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

De qué manera se quiebran todos los valores, a partir de una crisis económica, que conlleva una decadencia moral, emerge con toda claridad en el enfrentamiento de los administradores de Fondos de Pensión y el ministro de Economía de la Nación. La calificación del funcionario, diciendo que ellos «son unos inútiles», empalma bien con anteriores amenazas directas cuando la negativa de las entidades -salvo el «Nación»- a pesificar las tenencias. Aquella vez, el funcionario había dejado planteado que «los que no acepten, no cobrarán más...». Una vergüenza, más que nada por el plano a que se ha llevado la discusión y donde todo parece ser «cosa de guapos», de maleducados, de quienes detentan el poder y se lo restriegan por la cara a quien sea. Y no es que, como adherente al sistema de jubilación privada, uno pueda defender la pésima defensa del capital de terceros que han demostrado los que debían invertir esos dineros ahorrados. Varias, muchas veces, apuntamos desde estos «cupones» que eran criticables las carteras que se forjaban. Y en momentos donde el entonces ministro Cavallo, los amenazó con bajarles las comisiones a los Fondos, si no aceptaban llenarse de esos títulos públicos se avinieron a los requerimientos. Pero, el caso es que les cabe el calificativo emitido por Lavagna, siguiendo el mismo modo de evaluar se puede decir que el funcionario es «un estafador». Que los gobernantes incursos en la ola de no honrar los compromisos también merecen el título de «estafadores». Lisa y llanamente. Y han llevado la cuestión al rango de cuando todo era estatal y las cajas de jubilaciones se vaciaron, para darles otro destino al dinero ahorrado por los trabajadores.

Curiosamente, esto no merece más manifestaciones que lo que se lee como declaraciones de uno y otro lado, sin «cacerolazos», ni actitud mancomunada y directa de cientos de miles de ahorristas en esos Fondos que pueden ser confiscados, como ocurriera con los depósitos que tanto escándalo provocaron. El hecho de que no sea dinero para hoy, ni que haya pasado por las manos, parece tener el efecto soporífero de las mesas de los casinos: donde se dan fichas, y no se deja apostar con dinero directo, para que los jugadores pierdan el sentido de la prudencia, o no se alerten ante una pérdida o ganancia grandes, como cuando está el dinero presente. En todo caso, bien podríamos criticar o calificar a los administradores de Fondos, los directamente hacedores de esos patrimonios: pero que no haga un funcionario, que no solamente se quiere quedar con los dineros, sino que se pone en actitud arrogante y combativa, únicamente puede verse en un país descalibrado: como el nuestro. Una lucha descarnada entre «inútiles». vs. «estafadores», donde los medios dan cuenta de los dichos con total normalidad, porque nadie parece alterarse por el grado de vileza que envuelve casi todas las relaciones entre los habitantes. Va mucho más allá de una cuestión de dinero, o de bonos.

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