7 de octubre 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

No puede favorecer al mercado bursátil la polémica en torno de las AFJP, porque se puede plantear un serio problema de liquidez en el sistema, si es que se dinamiza el proceso de recambios de afiliados. Más todavía, en caso de querer meterle un buen mordisco al dinero de la jubilación privada, en una primera etapa a la que se trata de vender como «mixta»: diciendo ahora que éste sí, en el mejor sistema. Los gobiernos, como siempre, desautorizan a la historia y se presentan como los supuestos salvadores del dinero de los depositantes: sin recordar el desastre total en que se convirtiera un sistema «de reparto», que se fuera por un gran agujero negro y con aportes derivados hacia todo otro fin, más allá del genuino. Baste preguntar a los actuales jubilados cuán contentos están con lo que cobran, después de treinta años de aportes. El nuevo desvío casi está cantando sin tapujos, un alto funcionario no dudó en decir: «Posiblemente con dinero de las AFJP...». Eso será otro problema. Ver, por caso, con qué tipo de activos quieren reemplazar el dinero efectivo que tomen (Cavallo, cuando modificó el «menú», utilizó el efectivo recaudado -unos $ 240 millones mensuales- en procurar seguir financiando los enormes orificios que sucesivos gobiernos, con su colaboración, fueron creando). Pero, el tema es que no solamente no llevaron al mercado bursátil a la gloria de los negocios, como se prometía al inicio sino que pueden presionar en demasía a una plaza bursátil, que tiene ciertos límites para poder hacer terreno absorbente.

Ahora llegamos al escalón de los «830» puntos Merval. Si se desea obtener una visión muy optimista -encontrarle mucho techo aún- sin pasar por tamiz fino: pues, se puede considerar que al Merval hay que dividirlo por tres, por el tipo de cambio devaluado, y se llega a los «277» puntos actuales, cotejables con el pasado. Esa cifra estaría situada entre los momentos más hondos, de los valles tocados desde 1992 y a partir del quiebre de la tendencia.


Al terminar finito, uno podría también preguntarse: por cuánto hay que «dividir» al país actual, para poder compararlo con otro que estuviera la década anterior. Y de allí pueden salir dos conclusiones, tildando de «bajo» el actual nivel de las acciones, como de «alto» si se lo inserta en el escenario que nos sigue rodeando (sin crédito, sin solución de fondo en la economía, con muchas de esas empresas que todavía tienen que tratar de arreglar su propio default).


Posiblemente, de esto es que aparecen ruedas de volumen más que interesantes, pero con una lucha intensa entre fuerzas que se dividen armoniosamente entre: los que compran por «barato», lo que otros venden por «caro». Dos calificativos que, como es sensato, conviene tratar como impostores, siempre expuestos al cambio de las expectativas racionales. La diferencia puede sobrevenir cuando no haya hechos tan absurdos (como que un avión presidencial corra riesgos de ser confiscado en tierra extraña...).

Te puede interesar