20 de octubre 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Paren las rotativas, no editen más ningún tipo de publicación referida a la técnica y estrategia en los mercados. Los inversores más veteranos, tener a bien incinerar todo aquello que han recibido como cultura de inversión, porque a través del asunto de la deuda y los acreedores privados, nuestros ilustrados funcionarios continúan dando lecciones gratis, consejos, sermones, a los que tuvieron la mala idea de confiar en un título argentino. Lo de ahora va más allá de apostrofar poseedores de estos papeles, como lo hicieron el propio presidente de la Nación y su ministro de Economía, repartiendo como castigo que cobrarán sólo 25% de los bonos. No, esta vez el embajador argentino en Estados Unidos -José Bordón- anula una de las principales «leyes de oro» inalterables y la convierte en toda una malicia. Al parecer, nuestro político versátil nunca en su vida oyó hablar de la fórmula más clásica y simple para manejarse en una inversión. Aquello, infalible, de «comprar barato y vender caro». Muy difícil de ensayar con éxito siempre, pero es el modo para ganar siempre. Pues bien, para Bordón hubo dos tipos de poseedores de títulos de deuda. Los que reclaman legítimamente y otra parte, a la cual tildó de «ilegítima»: la compuesta por los que adquirieron esos activos viéndolos como baratos, para intentar ganar en los repuntes. A partir de hoy, con la premisa formulada: si usted intenta tomar un papel que se ha desagiado mucho para venderlo cuando entre en recuperación, está cometiendo «algo». Como mínimo, está ensayando una actitud «ilegítima», con toda la carga que ello tiene. Se sabe que las columnas del riesgo y la ganancia son siempre proporcionales. La búsqueda de una línea de corte de ambas dirá claramente que: a mayor riesgo, más ganancia. O, a la inversa, quien privilegia la seguridad se buscará activos de baja rentabilidad. Hay para todos los gustos en el mercado; es lo que lo hace funcionar siempre, en cualquier punto de las tendencias. Pero lo que no está en juego es que el emisor de un título juzgue una actitud arriesgada como ilegítima y que resulte pasible de ser castigada por el emisor, como le venga en gana.

En nuestro medio ya parece que casi todos estamos un poco «locos»; revolvemos leyes, normas, convenios, usos, costumbres, técnicas, no tenemos nada para poder repugnar la deuda con algún principio legal, pero, en tal caso, resolvemos disecar al parque de poseedores de bonos argentinos y les decimos que ellos son culpables
de haber comprado los bonos. Una buena medida para que las sociedades tomen nota y cuando se encuentren en dificultades muy serias puedan acusar a los inversores de haberles comprado las acciones. Bordón llegó decididamente al borde de la fosa de la estupidez, pero podemos aguardar más. Quizá desde la Argentina aparezca un nuevo fundamentalismo para que los mercados y los inversores actúen. Recuerde: no sea «ilegítimo», deje de buscar comprar barato para vender arriba. Es culpable.

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