Acomodándose a nuevas relaciones, de volúmenes bastante menguados en estos días, da la sensación que los operadores llegarán al Merval de 1.000 cuando quieran. Como sobrando el partido, las ruedas se suceden recorriendo todas las instancias, en momentos donde se está a menos de 5% de coronar en la cumbre de los tres ceros, deparando avances y parciales retrocesos. Es que, detrás de esa sensación de arribar a 1.000 puntos a voluntad, acaso también pulule el interrogante: ¿y después, qué? Solamente así se entiende que los días hayan corrido y el índice se quede en los umbrales, como temeroso de llegar más allá. ¿Qué puede surgir, desde la oferta, si se arriba a la cúspide? ¿Se puede desarmar el movimiento? ¿Impresionará demasiado que el Merval quede a sólo 50 puntos, de duplicar su nivel en once meses? Los tres ceros resultan, de por sí, impactantes a los ojos. No importa si los 950 del deambular previo resultan casi lo mismo, a esos niveles de altura, cuando hablamos de 1.000 parece otra cosa, como el sueño de lo inalcanzable hecho realidad. Pero cuando se llega a una meta hay que fabricarse otro objetivo y que resulte tan atractivo como el anterior. Es lo que sostiene a un mercado bursátil, la apuesta permanente a que lo que viene, será mejor.
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El desinflarse de órdenes diarias, no así las «cauciones» que siguen en régimen bien alto, debería extrañar bastante: justamente cuando había cierta efervescencia, una vez derribados los 900 puntos. No se levantó la puntería desde que hubo un quiebre en los negocios, bajando súbitamente desde los $ 80 millones a menos de $ 50 millones. Después, a menos de $ 40 millones para las acciones y con una tónica a debilitarse. El recoger líneas, de parte de los vendedores, facilitaron poder modificar en alza a pesar de la delgadez de lo negociado. Pero los «osos» no se alejan demasiado, y el llegar a la cumbre podría ponerlos en circulación de modo agresivo. Quizás, al aparecer estos cupones impresos, los operadores hayan dejado de «hacer fulbito» y asaltado al 1.000, al menos en un intradiario. Habrá que esperar por el día después de ese logro, para ver si se formaliza un partido más en serio entre las fuerzas y aparece el volumen restado. Dejando de efectuar esos lujos innecesarios, como el hacer subir un poco más el índice sobre la campana del cierre y donde ya no hay tiempo para convalidarlo. Expectativas hay, esto también se testimonia desde la puesta en venta de una acción del Mercado de Valores y donde se suspendió la plaza por la disparidad entre las puntas, bien alta la del vendedor, como para superar zonas del «uno a uno» en esa cotización. Claro que se hace cada vez complicado el elegir papeles, ya se juega al «atraso» porque sí (el martes la acción de A. Estrada hizo plaza y se fue casi al doble...) y el rebuscar alguna perla, en el fondo de la nómina, irá cerrando el embudo de lo que pueda crear una sobrevaluación.