La actualidad argentina parece un permanente blanco y negro, ofreciendo al observador la dicotomía de los discursos oficiales y aquello que se levanta desde lo privado, desde la sociedad, tuvo dos muestras más, en inicios de mes: cuando al cruce de empresarios que solicitaban poner fin al desorden social y enhebrar políticas de urgencia, para por lo menos aliviar al corto plazo, le salió el ministro de Economía hablando de un crecimiento de 15 años consecutivos, a 4%. No sabemos qué va a suceder en enero, pero nos enteramos de cómo será el horizonte a nada menos que quince años. Por otra parte, la contestación no sólo a los empresarios, sino a buena parte de una sociedad que está llegando al hartazgo, desde la cúpula del poder -respecto de piqueteros y otras yerbas- fue el mismo cántico de siempre: dejar hacer, no intervenir, solicitar por vía paralela que se tenga paciencia por un año, y eso... En medio, volver a tener un cruce con ahorristas despojados y que, en vez de recibirlos como se hace con tantos otros segmentos seguramente con menores motivos que esa gente, salir con ostentación de un poder que olvidan que es detectado, prestado, pero haciendo lo que la mayoría de los gobiernos ha hecho: utilizarlo como si resultara un don heredado, o infinito, y discriminar según las voluntades y las simpatías.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
En esa política de dividir para reinar, o de gobernar para atender reclamos de unos, y no de otros, lo que queda de este período que los gobernantes elegidos cubrieron como tiempo de precalentamiento -para iniciar el verdadero período que les toca- sin los peligrosos perfiles de enfrentar segmentos sociales, de recrear antinomias, o de estar cultivando un germen de rencores (actuales y viniendo del pasado) que no parece muy conducente, para un país que se fragmentó con la crisis y que no logra restablecer la voluntad de ir todos juntos en la misma dirección. Y no se tuerce el camino, sino que se acentúan esos rasgos de «buenos» y «malos», responsables supuestos de la decadencia e inocentes víctimas de ella. En tal tipo de contexto ingresamos casi a 2004, vanagloriándose los funcionarios de no poseer ningún plan homogéneo, que adelante los tiempos que puede tardar esta recuperación real. La mayoría de las sociedades, sistemáticamente, continúa incorporando en sus palabras de los balances las serias dudas que se gestan, por un porvenir que no luce claro para nada. Y no descartan que se promulguen leyes que deterioren todavía más los marcos en que deben actuar. Lamentablemente, los empresarios parece que integran el grupo de los «malos» -a ojos oficiales- y el entretenimiento es acusarlos del pasado y del presente. Con tal tesitura se pretende que haya inversiones y que fluyan nuevos capitales, para quedar expuestos a un estado anárquico en la protesta social, a violencias súbitas y ataques a los activos empresarios, y a legisladores capaces de sancionar cualquier ley que desproteja la propiedad privada. Informate más
Dejá tu comentario