11 de diciembre 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Hay variedad de «huellas» para seguir, dentro de algunos párrafos notorios, o perdidos, de los balances de las sociedades: una muy lúcida práctica, que se llevaba a cabo con rigurosa disciplina en tiempos viejos del antiguo recinto, en la sala de lectura de la Bolsa, y donde se juntaban los inversores para indagar con ansias aquello que enviaban las empresas. Hoy, nos parece que esto ha quedado bastante de lado, sin que sea argumento el de la tecnología moderna, porque no todo se consigue por pantallas, solamente lo que se suele cargar: a expresa voluntad del emisor. Y, sin embargo, casi siempre surgen esas señales que pueden cambiar la opinión acerca de la situación de una sociedad, o del valor de sus acciones en Bolsa.

Hay líneas sugestivas, que quieren significar bastante más que lo que está allí escrito, por aquello de cuidar las formas y que otorgan la ocasión, uniendo huellas, de semblantear y sopesar el ánimo que impera en la compañía. Algo que no está sintetizado en cifras, que no puede extraerse como un ratio, y que forma parte de la zona menos conocida de las empresas. Más relevante se nos ha hecho, al anexar en los comentarios de balances un aparte titulado «El Rastro», con llamada de atención para el lector y con la idea de extraerle alguna de esas consideraciones sugestivas. Pero, el ideal, ya que tiene su dinero colocado en papeles accionarios, es que cada uno busque el modo de recorrer en persona los balances completos y arribar a propias conclusiones. O esperar lo que le parece llamativo y consultar, muchas veces: con la propia sociedad emisora.

En buena parte de las firmas se recibe a los accionistas y se les dilucidan las dudas, o se les impone de la marcha de la empresa, aunque mucha gente prefiere tratar de encontrar toda información en los medios, o en el simple ambiente que rodea al mercado. Y sucede con frecuencia que las respuestas pueden estar equivocadas, o exista mala interpretación de los informes, o bien se hayan obviado algunas realidades importantes. Además, una vez que algo se ha difundido masivamente, deja de poseer un peso específico trascendente: porque obra en poder de todos. Y en Bolsa, siempre dentro del marco legal y ético, aquellos que pueden arribar a conclusiones antes que el resto, o enterarse de hechos de peso que siempre estuvieron allí, pero pocos han reparado en ellos, otorga una ventaja enorme. Que suele traducir en comprar a precios acomodados, para vender cuando muchos vienen a sumarse, enterados más tarde de la especie. No sólo comprar, algunas cuestiones que no gusten, que enciendan alguna luz de alarma, incita a disparar la orden de venta y encontrar un terreno absorbente, que permite liquidar a niveles razonables. Para buscar otro puerto, más atractivo. La recomendación sintética sería: intente hacerse de una copia completa de los balances que le interesen y tómese algún tiempo diario, para leer los conceptos de los intervinientes.
Habrá recompensa.

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