7 de enero 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

«Demasiado bueno, para ser cierto...», la clásica expresión aplicada a esa jornada del lunes y cuando se vio transitar por la misma senda, a extremos y a opuestos. No nos cierra que la bonanza de activos de riesgo puro pueda ir de la mano con subas históricas en quienes resultan refugio clásico de atesoramientos, por temor al riesgo. Todo funcionó por igual en esa jornada fastuosa y así como los índices bursátiles se movían con euforias sin distinción de banderas, ni de regiones, la marca del oro se constituyó en lo más alto desde 1990...

A un tiempo, tomaban como buena señal europeos y norteamericanos la creciente debilidad del dólar (cuando en el juego de pistones, alguno deberá verse resentido) y, en nuestro medio, una suba enloquecida del Merval recién estrenado en 2004 se potenciaba sobremanera, frente a otro descender del nivel del dólar y apreciación del peso argentino. Todo puesto en la misma canasta, en una especie de «perinola» financiera que cayó en la cara del «todos ganan». Algo no encajó en todo el emporio alcista, por más que las evidencias del día quedaron allí patentizadas. A juzgar por lo visto, cotejando los incrementos entre activos, el pronóstico diría que a un mismo tiempo todo irá bien y todo irá mal. A menos que hayamos entrado en una zona de desconciertos mayúsculos, entre los operadores y capitalistas, dentro de un mundo que aporta sus contradicciones permanentes y hace que muchos «cubran todo el paño», en tren de acertar.

Habrá que dejar decantar estos días, aunque entre tanto se abrió otro regio momento para tomar formidables beneficios de nuestras acciones. El lunes se llegó a 1.144 puntos, viendo ya desde lejos el piso de los 1.000 y poniéndose en marcha a todo motor, sobre las primeras ruedas, de 2004. Esto parecería dar la razón a los que ensayaron la idea de un mercado volviendo a duplicarse en este ejercicio, por más que -se sabe- el paso de los resultados de las sociedades hace el papel de tortuga, a quien los precios de las acciones la pasan como la liebre de la fábula (sabemos cómo concluye tal fábula, de paso). Y también en lo visto, funcionó a pleno aquello de comprar a cualquier precio en la seguridad de que vendrá alguien, a quien descargárselo más arriba. Pero, lo dicho de entrada: lo sorprendente es de qué modo trabajaron en igual dirección, los activos que suelen excluirse entre sí. Salvo porque las tasas no tengan ningún atractivo y quede mucho capital errante, buscando puertos que brinden algo más que una tasa. Alguien deberá pagar con su dolor el descalce del dólar y el euro, en ambos bandos se encuentran puntos criticables para las economías que representan, y el mercado mundial sufrirá variaciones de precios relativos que afectará a uno de ellos. Y si el oro lleva la razón, mejor no imaginar qué pueda ocurrir después.

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