9 de enero 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

«¿Sabe cuál es mi problema hoy en día? Que no sé si a mis clientes les estoy haciendo pagar caro o barato.» Simple exposición de un agente bursátil, cuando podría pensarse que todo es freír y cantar en una plaza que viene en semejantes niveles de crecimiento. Es posible que esto mismo se reproduzca en muchas otras oficinas de profesionales o administradores de carteras institucionales, o entre los inversores que hacen por las suyas al tomar las decisiones. Una especie de «Haz correr la música y bailemos», dejándose llevar por la ola y después... veremos. El acertijo y el gran dilema profesional a que hacemos referencia son que no existe ninguna pista certera acerca del punto del ciclo en que se está. Sí se observa, a simple vista, que es la fase del crecimiento, que se completa con la madurez, previa a la distribución: es donde todo culmina para retornar a una zona de acumulación que promueva otro ciclo vital.

El asunto es en qué lugar de ese gráfico virtual se puede marcar este Merval de 1.160 puntos. ¿Será todavía muy «barato» para un mercado que goza de tantas previsiones de optimismo? ¿O resultará estar cercano a un techo hipotético? Pero, ¿a cuánto del mismo, qué resultaría un «mercado bien valuado»? Esto es crucial determinarlo, especialmente para el que quiere ingresar recién ahora, atraído por lo que está leyendo todos los días sobre la suba bursátil. También, para el que ya está adentro, pero quiere agregar más capital o pasarse al muy retributivo -pero muy peligroso- sector de las «opciones». 

Toda ortodoxia y tratado del sistema, remarcado con énfasis por el padre del fundamentalismo
-Graham- es que cuando un mercado se incorpora a la zona de «bien valuado», los negocios se extinguen por generación espontánea. Como esos gases que hacen estallar un granero, aunque imagine que es imposible el sentido de explosivo que pueda poseer un simple grano de cereal. La pérdida de la sensación de «valor», aunque todos sepan qué hacer con los precios, no es de ahora que ha perdido todo sentido. Se ha hecho costumbre trabajar sobre los activos, las acciones, dejando de lado el respaldo técnico que deben poseer en los activos empresarios.

Ciertamente, se está como flotando en una nube alcista, aunque no se alcance a ver qué aparecerá detrás de ella, cuando la nubosidad se disipe. A las preguntas sobre si el mercado está caro o está barato, seguramente que le corresponderían varias respuestas -según los interrogados-, aunque se podrían hallar allí varias que resultaran más un pretexto que una razón. Difícilmente emparentable la realidad bursátil con el escenario económico, con los ratios argentinos de base o con lo que las sociedades declaran en sus palabras de los balances. Ojalá no se esté en estirar la goma hasta que se corte, porque habría muchos contusos.

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