12 de enero 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Mientras la población recibía otra dosis de optimismo oficial, a través de la difusión de una convención de «expertos» que le otorgaron al Banco Central muchos mejores números pronosticados que los que el mismo Lavagna dibujaría, y se prosigue en el trazado de una «Argentina virtual» que a todos cuesta percibir en la realidad diaria, la Bolsa y sus adherentes parecían querer obrar en la misma dirección y volviendo a pasar por encima de cualquier oportuno descanso o toma de utilidad sobre la variable precios. Está bien que el volumen se expanda, en la medida en que no se ingrese en una escalada de obligaciones continuas y que son imposibles de poder mantener por ningún mercado. Casi parece un volver a la historia, la Buenos Aires bursátil actual, a tiempos de Amsterdam -1600- y cuando recién las primeras técnicas se iban derivando unas de otras. En aquellos tiempos, siempre la tendencia poseía el sentido alcista, proveniente de una primera casta de operadores que sabían actuar solamente en una dirección: al alza. Los primeros que analizaron el asunto se pusieron a experimentar sobre la base de las reacciones de masa y a generar ventas en corto, que cortaran una suba de cuajo. Lo que sucedía era lógico de suponer: se formalizaba cierta estampida, donde los que vendían apurados y mal seguían haciendo el trabajo iniciado. A esta técnica no se la denomina como la «teoría del alud», pero bien merecería el bautizo, por la similitud con cuando algunos peñascos se desprenden y el resto lo hacen los de abajo...

El caso es que, desde allí, los mercados se fueron armando de ida y vuelta. A los «alcistas» se sumaron los «bajistas» y posteriormente unos y otros eran los mismos, en distintas situaciones, salvo los que se hicieron famosos por actuar de un solo lado del mercado -como Jacob Little- y sentar fama en tal aspecto.


La contundencia de la plaza del viernes, llegando a 1.200 puntos, desoyó el prudente alto del jueves, cuando la Bolsa parecía hasta sentir los efectos «K» de un presidente que formaliza entreveros de guapos ante la cumbre del mundo. Pero lo siguiente desnaturalizó esto; fue solamente un detenerse y seguir redoblando el paso. Cada vez más lejos de la sensación de valores, cada vez más apegados a comprar en 10 para vender en 12, cada vez más proporción de alcistas en el mix de las ruedas. El camino que se traza, si se proyecta el escenario actual, es directo a una «burbuja» de proporciones. Que, en tanto se infle, vaya dejando a su paso ganancias increíbles de mensurar -en especial, en las «opciones»- es una realidad que se está viviendo y desde hace un tiempo largo. Imaginar qué sucedería si hubiera novedades más halagüeñas en las cuestiones que están en danza y crean incertidumbres y dudas razonables es sencillamente inimaginable. Pero si con novedades que no son auspiciosas, la Bolsa local se pone a la cabeza de rendimientos, rodeada de otro ambiente su altura sería para el «Guinness».

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