26 de enero 2004 - 00:00

Cupones Bursátiles

Esta vez sin alarmas serias a la vista y en el escenario, se produjo una «corrida» formal que llenó de asombro, más por los volúmenes que por los porcentuales. Y esos $ 100 millones, que en lo virtual de nuestro análisis precario anterior resultarían necesarios para llegar a sostener un Merval de 1.500, se dieron, pero para alimentar una baja de intensidad y con fuego surtido sobre dos, de las que resultaron las columnas del movimiento de enero. Desplomes serios en Galicia y en Acíndar, pero, además, llevando unos $ 50 millones del efectivo entre ambas.

La posibilidad de descargas de carteras institucionales es la más cercana; la hipótesis de mínima sería que pudo haberse operado un recambio de posiciones, ante la madurez de ciertos ciclos cumplidos. La hipótesis de máxima sería mucho peor: que se haya tratado de una salida programada y como para generar esa brecha que no se podía conseguir. Todo inversor común obró como otras veces, viendo en la primera rueda de debilidad una simple toma de ganancias, que se venían corrigiendo de inmediato. Al segundo día, el jueves, ya el rebote que se quiso dibujar fue aquel muy gráfico y americano «del gato muerto». Rebotó, solamente para darse contra el piso, subir apenas y volver a caer. Que Grupo Galicia y su desplome hicieron buena parte del Merval con baja de 3,9% responde la realidad de una ponderación que tiene dos filos: o ser puntal de alzas o resultar la primera gran piedra en un alud.

Después del viernes, lo clásico, las menciones a que «la baja se veía venir, porque el mercado había subido mucho»... y eso. Generalmente, esto no se declara ni se difunde, antes de que las fuertes bajas aparezcan, sino una vez que todos tienen a la vista el resultado. Pero es cierto que, hablando con gente que no se deja llevar por impulsos, la opinión coincidía en que el ritmo que había tomado el mercado resultaba poco argumentable. Y camino a inflar una «burbuja», sobre la que casi nunca se sabe el momento del estallido.

No era, la pasada, una semana a la que se viera como proclive a tal estallido. Además, todo se inició con una jornada a la que destacamos como casi insólita, porque la plaza se había dado vuelta de la baja, quedando alcista en 1%, apoyándose nada más que en tres papeles del Merval: el resto de las líderes, en baja. Estrategia que puede sorprender un día, a los más incautos, pero que es difícil de reiterar. Y, a partir de ello, esa secuela de tres fechas, a cada una peor que la previa. Con un remate del viernes, que sonó justamente a eso: a remate. El Merval, en 1.163, debiendo pagar ahora dos veces por el mismo terreno, después de estar unos 90 puntos por arriba. Arribo de gente nueva, que dejó patentizada su desorientación al notar que, apenas ingresado, ya hay que luchar por reconquistar lo que se ha perdido. Pero lo principal será ver cómo se acomoda la plaza después de la brecha. Y si se trató de los pícaros de Amsterdam: vendiendo de golpe, para recoger abajo y que el negocio vaya de nuevo. Siempre peligroso...

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