Permanentes cambios de vientos azotan la estabilidad de la tendencia accionaria, llevándose «puestos» a los operadores que obran sin tomar las precauciones. Del enorme fragor de más de 100 millones de volumen, a un recogimiento hasta los $ 42 millones. Y con tremendos cambios en la columna de precios, originando una baja de magnitud con el caudal mayor de negocios, y un rebote todavía más robusto que aquella baja, cuando el volumen se contrajo tan drásticamente. Si hay que colocarlo en un molde de causaefecto clásico, habría que marcar que cuando se produce un volumen alto, que excede lo previo, después de una seguidilla de resultados de cotización en una sola de las direcciones se genera un cambio en la tónica, como una bisagra que lleva hacia otra frase en los precios, contraria a la anterior. Si se unen el viernes y el lunes, pareció corroborarse lo ortodoxo, como si el viernes se hubiera producido ese alto monto de negocios «barriendo» la plaza de vendedores. Y aunque se mantuviera la baja, porque los tomadores sacaron partido de una actitud de venta con frenesí -sin importar los límites-, la señal era: el total de lo realizado en efectivo. El lunes, la plaza dio vuelta en los precios, afirmada en menos de 40% del volumen anterior se vio un recinto limpio de vendedores fuertes, permitiendo hacer valer la órdenes de compra con poder de amplificación. Hasta allí, el gráfico de lo realizado y la relación de indicadores calzaron exactamente en tales leyes primarias de las tendencias. Pero esto hay que seguir viéndolo en las sucesivas ruedas. Y una cuestión es un mercado «en los libros», suponiendo ciertas condiciones constantes, y otro es un recinto como el nuestro expuesto a la mar de avatares intrínsecos y que le vienen del contexto político-económico.
Con esto, lo que se puede inferir es que la exposición al riesgo y la anarquía de marcha puede resultar una constante en Buenos Aires: sin que esto cause asombro. Obsérvese que cuando el lunes se producía el gran rebote, con una ausencia espectacular de ventas, los señores piqueteros seguían acampando en el hall del Ministerio de Trabajo y lanzaban una proclama, para «parar el país» desde la otra semana. Lavagna recibía el fastidio que ya está creando, en demasiada medida, la posición intransigente del país (aunque sus voceros siempre lo reciclan como «reunión muy positiva») y un detalle adicional: el lunes, el Central no tuvo que salir a comprar dólares para sostenerlo, se sostuvo solito. Y esto, como novedades de solamente un día, así que mal se puede confiar de lleno en los textos, al tener que desarrolarse en un ambiente hostil. También esa desaparición insólita de ventas podía resultar otra «emboscada» preparada por la oferta: dejando respirar, y repuntar a la plaza, por volver con todo y hallar un mercado más entonado. Mucho «sucundún».
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario