3 de marzo 2004 - 00:00

Cupones Bursátiles

Sigue siendo excelente el rendimiento accionario en sus dos primeros meses de actividad 2004, aunque esto no tenga la misma mensura cuando se lo traslada a las impresiones, a la sensación dejada. Sumar 6,5% de suba en enero, a esto agregarle 3,7% en febrero, hacen 10% largo en sesenta días, en pesos, en dólares, en lo que usted quiera. Parece, y lo es, una enormidad como tasa de retorno. Es monstruosa, si lo que se mide es el cúmulo de alternativas en la renta fija. Y para cualquier lugar del mundo, una colocación que brinde más de 10% en dólares en dos meses representa un bocado exquisito, visto de tanto en tanto. Muy bien, pero si se efectuara algún sondeo sobre los que intervienen directamente --agentes, inversores-no se nos ocurre que la sonrisa fuera de oreja a oreja, dando alguna muestra de euforia por ese 10% ganado en el corto trayecto. ¿Hay una de las conclusiones que está equivocada? Posiblemente las dos tengan cabida. Porque todo reside en que existieron cambios evidentes de ambiente, de fortaleza en los pisos, de ganas de seguir trepando, cayendo en muchos pasajes confusos y un final de mes muy poco claro para estimar el mes de marzo.

Enero tuvo pasajes fulminantes, para entusiasmar sobremanera, con el Merval subiendo de los 1.200 puntos como si tal cosa. Y esto es difícil no considerarlo como una especie de derecho adquirido. De terreno ganado y que ya es propio, aunque la escritura «no se haya efectuado». Y nunca la Bolsa habrá de firmar una escritura, sobre ningún tipo de terreno ni tendencia, a lo sumo extenderá un recibo y «ad referendum» de ella misma.



Entonces, si se estuvo en una situación tan sencilla para ganar dinero sobre dinero, si se pasó como un rayo por los 1.000 puntos que se habían alcanzado a finales de noviembre, cada peso de menos genera insatisfacción y tensa los nervios. Si, de paso, se observan insólitos cambios de ritmo en el mercado respecto del volumen y cada rueda parece un eslabón huérfano, independiente de la cadena, la conclusión más probable es que deje un poco de desencanto el global de los dos meses. Por su parte, la estadística dice que no, que esa ganancia es oro puro, en una zona donde los mercados del mundo están casi todos titubeantes y con inclinaciones bajistas. ¿Quién no firmaría una reiteración de esos porcentuales a lo largo del año, a 10% bimestral? Todos. Pero una cuestión es que se lo firmen -escrituren-y otra es saber que no hay demasiada solidez en los pasos y que el mercado actuó de mayor a menor estos dos meses. Y allí aparece nítida la famosa «aversión al riesgo» que los humanos llevamos congénita. A tal nivel de riesgo, se pretende determinada cota de renta que lo justifique; parece que la realidad y los deseos están descalzados. Y hay mucha oferta que prefiere ponerse a cubierto, a pesar de las subas.


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