31 de marzo 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

El mensaje es claro, proveniente de Santa Cruz: «Señores, tengan sus activos en dólares. Y téngalos afuera». Por más que el hábil gobernador actual haya encontrado una fórmula para justificar la permanencia del capital provincial en el exterior. Por supuesto, decir que no se tiene confianza en la economía, o en las autoridades políticas actuales es como defenestrarse frente a un espejo. Entonces, se vende el argumento de tener temores a que ese dinero pueda ser confiscado por el litigio con los acreedores. Pueril, vano, un cuento para infantes, que ni los niños se lo creerían.

También es complicado poder explicar cómo es que autoridades de una provincia argentina tengan colocaciones oficiales en «paraísos fiscales» (como lo es Luxemburgo). El mensaje se completa coherente, entonces: «Señores, tengan sus activos en dólares. Ténganlos afuera. Y colóquenlo en circuitos al margen de los canales habituales. Para evitar impuestos y detecciones». Eso es lo que viene desde arriba hacia abajo, aunque la idea-fuerza que se quiere proclamar es la de: recobrar la dignidad nacional. Y si esa actitud tomada en su momento, y sostenida después, no corresponde al más puro sentido capitalista. Es más, no cualquiera se estudia la forma de haber implementado esas colocaciones, fuera de lo más común, sin un sentido completo del llamado «capitalismo salvaje». Algo así como ser conservador con bienes propios y ser socialista con el capital de terceros.

Más allá de un fin de semana donde volvió a observarse cómo se cavan trincheras, aun dentro de las supuestas fuerzas «aliadas», y qué imagen se dispersa para propios y extraños, el renacer de los cientos de millones de dólares que Santa Cruz mantiene afuera del país es todo un caso singular. Sería bueno encontrarle un epílogo apropiado, como escuchar decir al propio presidente de la Nación: «Saqué ese dinero porque no tenía confianza en el gobierno de ese entonces. Y ahora se sigue quedando afuera, porque no tengo confianza en mi gobierno». Estaría bueno, sí.

Mientras esto sucedía, en otro lugar del sainete nacional la Bolsa debía aprestarse a concluir marzo. Viniendo de un volumen que se contraría rueda tras rueda, habiendo decaído 5% sus precios en una semana y dejando en riesgo al total del mes. Quizás los imaginativos operadores pudieran extraer algo original para dar vuelta la abulia que envolvió a las fechas de la segunda quincena. Encontrarle el flanco favorable a la crisis de la energía, o a la división política que se acentúa, mientras la economía nacional retorna a sus fuentes de riqueza agroexportadora, y a ella nos remitimos todos, rogando porque la naturaleza nos siga acompañando y los precios de los commodities sigan en el ciclo alcista. Claro que todo ciclo termina por mostrar la fase descendente. En la Bolsa se sabe bien.

Dejá tu comentario

Te puede interesar