29 de abril 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Es una palabra muy gráfica esa de... «turbulencia», que solemos emplear en comentarios bursátiles y que ahora tomó más preponderancia: porque resultó un consejo-advertencia: de organismos internacionales a toda la región, respecto de lo que se puede aguardar en tiempos venideros. La inusual condición en que se hallaba el mercado mundial, respecto del costo del dinero y sus puertos, y que vino dándoles una mano a los que están seriamente endeudados, puede comenzar a variar en contra. Que de allí se habla de los «ciclos» económicos, bursátiles, financieros, de todo tema global o particular, que involucre entidades, empresas e inversores. Obviamente, administradores estatales que tienen que estar atentos a los cambios y poseer alguna estrategia y batería de medidas, para hacer frente al paso de fase de un ciclo en la economía. Hubiera resultado mucho más alentador que el repunte argentino se hubiese dado en un marco global pleno de contrariedades, en precios de la materia prima exportable, o de costo del dinero en el mundo. Pero, no, el hecho es que se alinearon -tal vez como nunca-los factores a favor: como para suponer que el repunte no está en el piso, sino más bien en un techo muy cercano. ¿Y después, qué?

¿Alguien cree, seriamente, que se están evaluando medidas ante la posibilidad del giro?,

¿que se tengan en cuenta las advertencias de «turbulencias»?



Muy probablemente, no. Visto el carácter soberbio de la actual administración, como dispuesta a cerrarse en sus propios conceptos e ideas, y obrar sin más ni más.


El taxi de la deuda, que no se detiene, está a punto de incrementar el costo de cada nueva «ficha» que cae. Si existe un barrido de capital hacia un punto, los que más habrán de sufrirlo serán
los más riesgosos, que al momento de una fase expansiva -como fueron aquellos famosos «petrodólares» árabes de los '70- reciben capital excedente, en busca de rentas más altas, aunque sean de riesgo. Pero, al escasear, los prestamistas reclaman lo anterior, antes de querer dar más. Y no vale pensar en que como vivimos del default y sin posibilidad de acceder al crédito internacional, nuestra condición quedará igual, porque donde haya «turbulencias» sobre mercados tan ligados, como el brasileño, de inmediato se perciben las secuelas en los demás. Posiblemente, los que desestiman todo consejo dirán que es una estrategia de los acreedores para meter miedo a los deudores y que «no pasará nada». Es la salida fácil que ya se ha comprobado, ante las advertencias por no arreglar el tema de la energía (hasta que reconocieron una crisis) y varios otros asuntos donde se juega a todo o nada, sin previsión. La pregunta también sirve para: ¿en la Bolsa se tiene en cuenta la «turbulencia» advertida? Hmmm...

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