25 de junio 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Estas ruedas, a partir de las reacciones en precios, deben dar el testimonio fundamental: si es que volverá a contarse con una base de negocios que se mueva en la franja de cuarenta a cincuenta millones diarios, reemplazando la escala de los veinte a treinta millones. Es la diferencia entre un volver a desinflarse o consolidar los pisos más cerca de los 1.000 puntos. No da para mucha hazaña esa aspiración de mejora en los montos, aunque resultaría vital para los momentos clave que se han estado viendo estas semanas. Despejamos el camino de lo que es dialéctica pura, acomodando los argumentos a la reacción, y vamos por una senda más rústica y posiblemente más práctica: dinero derivado de bonos en serias dudas, muy bajo premio al capital en cualquier colocación, buena liquidez en el circuito, dejó desbordar algún hilo de capital de riesgo hacia las acciones.

Todavía falta bastante para que pueda surgir la compra por convencimiento de haber dado con activos muy regalados o porque se piense firmemente en un porvenir inmediato venturoso en el concierto político-económico. Los comentarios de balances, recientemente llegados, siguen señalizando los problemas estructurales que no se han resuelto, la esperanza de que las variables al menos se mantengan así y la incertidumbre acerca de los próximos costos que deberán afrontarse. Lo que ya venía en muchos balances anteriores, nieblas que no se disiparon, futuro sobre el que pocas sociedades se animan a pronosticar de un modo firme. Y la Bolsa fue reflejo de esto, buscando sacar partido de una coyuntura a favor, pero con una pierna adentro y la otra afuera del mercado: prestos para correr hacia la salida, ante el menor ruido de disturbios en las variables.



La confirmación de que la plaza pueda haber ascendido de franja en los negocios diarios es lo que debe estimarse como señal más confiable: sabido es que muchas de las situaciones que acechan no dependen en absoluto de lo que pueda discernirse en la plaza. Seguro que hay más movimientos en carteras amplias, institucionales, donde debe ser un verdadero problema hallar activos rentables para integrar con un riesgo razonable. Las acciones poseen ese riesgo razonable, prometiendo premios mucho mayores a los bonos si se enhebra una tendencia hacia arriba. La Bolsa no entró en «default» con nadie, siempre opera, sostiene sus puertas abiertas para hacer líquidas las posiciones, los compromisos se respetan y sigue valiendo «la palabra» que cierra negocios: una canastita de condiciones que deben ser naturales, pero que pueden lucir como notables al comparar cómo se maneja casi todo en el país. El haber derrapado hasta cerca de los 800 actuó de disparador, al unirse al contexto mencionado, con una porción sólo sobria de capital fresco: se puede mover al mercado en dirección deseada. Hasta que se precisa otro salto de franja o la depuración.


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