25 de mayo 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

... Y también se está yendo mayo, sin que la tendencia accionaria alcance un principio de definición. Se prosigue en los escarceos menores, se abre el panorama por un pasaje y se vuelve a cerrar. Se robustecen por momentos los totales de negocios, pero con la misma facilidad retornan a las sumas mediocres. Y, en definitiva, continuamos habitando un mercadito que fluctúa entre los quince y los veinte millones de dólares diarios, con un índice ponderado de las líderes que hace un trayecto de ida y vuelta, entre 1.350 y 1.450 puntos. Un modo de nunca perder de vista lo que parece resultar la piedra basal hasta ahora, el cierre que tuviera el índice en 2004. Cinco meses no es casi nada para un panorama extendido, pero es demasiado para un ejercicio de doce capítulos. Casi la mitad ya está consumida y la claridad dista de aparecer por el recinto porteño.

Otras veces sosteníamos, lo mismo que ahora. Y es que el mercado no puede más que ajustarse a lo que le indica un panorama del país que -también prosigue tan confuso en muchos aspectos, como antes. Para colmo, tenemos dentro del año el hito de las elecciones y que se quieren transformar -porfiadamente- como en un plebiscito de gestión presidencial. Hecho que le otorga un toque de ansiedad, y hasta de dramatismo, que sea capaz de paralizar decisiones de toda índole con el argumento clásico de « esperar, hasta después de las elecciones». Pretender que quienes concurran a votar a legisladores estén convalidando, u oponiéndose, a la gestión gubernamental es un entuerto innecesario al que se somete a la sociedad. Inclusive, sirve como para seguir dilatando tiempos de recomposiciones económicas, que habría que acelerar en lugar de retrasarlos. Simplemente, porque no se puede dejar pasar la oportunidad de ciertas variables que lucen bien, pero que podrían desviarse en contra más adelante. Curiosamente, los que fabrican una expectativa desmesurada y una posible parálisis de decisiones importantes son los mismos que precisan -los que gobiernan- que el país leve anclas de modo urgente. Porque son los que sufren el deterioro del poder, donde cualquier resultado electoral -por mejor que se lo considere- puede borrarse en poco tiempo. Baste recordar los notables apoyos electorales que obtuvieran los tres gobiernos últimos, en cada caso, y el modo en que dejaron el poder: seriamente cuestionados, ferozmente criticados, con una masa que se volvió en contra con la misma facilidad que cuando se manifestó plenamente favorable en las urnas. Algo que demuestra nuestra historia reciente es que se puede construir poder muy robusto, que se vuelve de cristal de un año para el otro. Por urgencias.

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