Alguna vez habrá que pasar en blanco y negro, en una explicación para todo público, el modo en que confeccionan los índices de inflación. Al menos, como a nosotros, para sacarnos de la ignorancia en que vivimos. Y para establecer una nueva sensación sobre aquella que nos persigue, junto con muchos otros: si no es la inflación, alguien nos está metiendo la mano en el bolsillo y cada mes de manera más desfachatada. Sin embargo, veíamos que todavía faltando unos días para concluir junio, ya se estaban dando estimados del mes con solamente 0,5% de suba de precios. Algún párrafo nos sembraba más inquietud, el que mencionaba que «fuentes del gobierno confían en que la variación podría ser aún menor...».
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Como nadie parece quejarse abiertamente, aunque todo el mundo ve que la velocidad de extinción de un billete de $ 100 va cambiando de marchas de manera entusiasta, algún proceso metafísico debe estar sucediendo como para que un acumulado oficial en el año de no más de 6% no nos tenga en el paraíso, sino en la tremenda cruzada de intentar alcanzar la orilla del siguiente principio de mes. Debemos pedir disculpas, por no comprender cómo funciona un medidor que se distancia tanto de la sensación de la vida real. Es que apenas si hemos conseguido comprender un poco de lo bursátil. Y aunque somos de la generación que se fue haciendo grande, viviendo en un «hábitat» de procesos inflacionarios delirantes, no hemos podido entender la falta de correspondencia entre aquello que uno debe consumir, sí o sí, en el devenir de su vida (y sabe perfectamente de qué modo van aumentando a cada momento) y lo que la estadística nos dice que ha sido. Parece broma, pero al momento de estar haciendo estas líneas, vemos en un noticiario de cable que «acaba de aumentar el pan. El aumento va de 3% a 12%...», dice lacónicamente el señor locutor. Sabemos que hay una ponderación en la canasta, lo que no sabemos es de qué modo tal nómina listada tiene contacto con la que se lleva el dinero de los ingresos mensualmente. De ponderaciones sabemos por el índice Merval, donde tienen más peso específico los papeles que más negocios movilizan diariamente. Pero, justamente, ésa es una nómina que se hace a sí misma -por la cantidad de volumen que cada acción va acumulando- y representa, refleja, aquello que dice representar. Tampoco está muy claro -porque no hay cotización de un sólo panel, como en Bolsa- de dónde se toman los precios, las muestras, que se utilizan en el índice de inflación.Y de qué tipo de productos, en función de calidad de los éstos, se extrae. En definitiva, una «señora» que se ha venido haciendo ciudadana y envejeciendo junto con nosotros (aunque ella se revitaliza a sí misma) llamada «inflación» es casi una desconocida. Se la ve obesa, se la difunde flaca. Informate más
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