6 de julio 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Sobre lo malo, suele sobrevenir una recomposición, o bien, sobre lo malo, aparece lo peor. Y lo peor, para los momentos bursátiles que se vivieron desde junio, con esa baja mensual de 8%, puede entenderse como que parte de las carteras elija bienes de alternativa. Ergo, esos papeles públicos del posdefault que han vuelto a concitar expectativas por hacer diferencias que se consideran, al menos en un corto plazo, seguras. Si bien cuando algo se vende en Bolsa existe la contrapartida, o no podría colocarse, y junto con el que sale está la cartera que entra, si no se encalma la venta -y si es que se produce una migración más acentuada, de pase de acciones a otros bienes-, la demanda estará presente, pero imponiendo condiciones de precios tan duros, a como dé lugar. Y si se advierte que debajo de algunas marcas del índice que se perforan, la plaza no se va hacia un embudo, en señal de resistencia firme y negativa a vender más, lo que sigue a ello es una demanda todavía mucho más agresiva en sus propuestas, que es lo que va haciendo retroceder al Merval, aunque se pueda decir que están los compradores. Siempre están esos tomadores, por la misma obviedad dicha arriba: de lo contrario, las operaciones no podrían realizarse. Pero, el asunto es en qué condiciones se toman posiciones y qué tipo de límites se imponen. Si las acciones abundan, deberán seguir resignando precios. Y, para colmo, se vino soportando ese ataque frontal, insólito, efectuado contra la inversión bursátil desde las normas de Economía. Esas cláusulas que, primero, colocaban banderillas en lomos de inversores provenientes de afuera Y, después, en una pueril e infantil imagen revanchista contra el sistema (por la visita de autoridades de la Bolsa a Kirchner), decidieron extenderlas a los « residentes».

Ya no importa el efecto que tendrá en la práctica, menos todavía para un mercado tan encogido, pero importa que ya proviniendo de una zona de flojeras en la tendencia, se incorpore en el ánimo general una «pálida» gratuita y que muchos -aun sin saber a ciencia cierta de qué modo afectará- lo traduzcan en ventas, «por las dudas».

En ese tipo de orden salidora, que lleva el sello del impulso y de ver que en torno al mercado aparecen fantasmas desagradables. Entonces, son días donde todo pareció estar en contra. Ver la tendencia floja, notar que el precio de la posición decae, percibir aumentos de volumen con merma de cotizaciones. Y encima, tener que soportar que se implementen normas como si todo estuviera floreciente en Bolsa. Demasiado para cualquiera, aunque se tenga un espíritu calmo, y es muy probable que haya existido una corriente bien marcada de las órdenes «del fastidio». Las que no tienen que ver con consideración fundamentalista, para decidir la salida, sino, con la «bronca» por estar en una inversión a la que solamente le llueven palos.


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