12 de julio 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

... Una cosa es perder tres a cero, de una; y otra, estar ganando por dos goles y perder por tres a dos, en la parte final. Un simple estadístico nos diría que, en definitiva, el equipo del ejemplo perdió -en ambos casos- el partido. Pero, recuerde aquello de «el corazón tiene razones, que la razón desconoce». Si al señor tan lógico en su conclusión lo pusiéramos a observar los dos casos, casi seguro que vería, con el primer resultado, aficionados contrariados, enojados con su equipo. Pero, en el segundo, las expresiones acaso mezclarían mucho más de estupor primero... y de una profunda decepción después. Porque, claro, también conviene recordar que perder es uno de los riesgos del juego -y de los mercados-, pero tiene mucho que ver cómo se pierde. Y a la Bolsa, al ambiente del viernes después de provenir de un jueves con franco tren de repunte, y de encaramarse en la última rueda arriba de los 1.400 puntos, lo que quedó entre sus adherentes, resultó bastante similar al equipo que perdió por 3 a 2, después de ir ganando por 2 a 0.

Hablar con operadores en el atardecer de esa última sesión de la semana era encontrar a gente a la que uno de inmediato le pregunta: «¿te pasó algo?»... presuponiendo alguna gripe precoz, o cierto problema inesperado que lo aquejara.

No está en los libros de texto, ni en los de análisis sobre la inversión bursátil, pero si nos preguntan qué preferimos, siempre habremos de preferir al participante enojado, que al desconcertado o deprimido. Aquello mantiene una energía vital funcionando a pleno, para después prepararse y dar otra batalla. Lo otro es lo que aplasta al hombre, le resta deseos de dar lucha, la desazón -en muchos casos- termina por mellar voluntades y hacer de un comprador entusiasta, un vendedor resignado.



Semanas como la transcurrida no le hacen bien a una zona de la tendencia que está sumamente
sensibilizada, por lo que sucede adentro y por lo que soporta desde afuera. Fue el peor marco de una última rueda antes de cumplir un nuevo aniversario bursátil, el pasado domingo 10 de julio, los 151 años de actividad de la Bolsa de Comercio.Y lo peor, es que los esfuerzos para ir hacia el repunte en precios se mellaron por la falta de acompañamiento en el volumen. Como si la oleada vendedora aguardara el momento justo y habiendo dejado que los operadores se alegraran, saborearan aquello de «se puede», surgieran en jauría a morderles los garrones a todos.

Nos quedó, como en una postal, esa imagen del viernes donde campeaba el desánimo al ver de qué modo la plaza se daba vuelta, y todo se hacía tan resbaladizo...

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