Una madeja, muy apretada, de cuestiones que son de gran importancia para el país como para su espejo, la Bolsa, colaboraron en la tarea de hacer un semestre complejo y dentro de las peores figuras hallables: no la que marca una tendencia decidida, hacia algunos de los signos, sino aquella que es sinuosa y que tanto puede dejar un mes con 10% de aumento, como otro siguiente donde se pierda todo eso y algo más. Y cuando se piensa en que la zona se convirtió en depresión, resurgir con algún pico optimista nuevamente. El semestre terminó en un 4 por 2 en favor de los saldos negativos. Pero los solitarios dos positivos fueron de mucha más categoría porcentual que los cuatro a la inversa. Una extraña mezcla, de donde salió lo que se merecía salir: la nada. La que se testimonia con seis meses de actividad para estar con 0,6% de diferencia en la cartera ponderada, negativo, y que hasta mostró lo muy particular de ser favorable en dólares -más de 2%- por subirse al carro de la apreciación del peso.
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Todo luce como una obra a plena improvisación y que según se encuentren en vena los solistas, se podrá oír un tipo de sinfonía euforizante, o un acongojado «réquiem» por las acciones. Nada sirve, todo sirve de nuevo. Las pérdidas son ganancias, las ganancias se diluyen, se va a una suma cero.
Mire que se ha hecho dificultoso el ejercicio, ya estando en julio tenemos el espectáculo político plenamente montado y con promesas de resultar una vorágine de acusaciones, insultos, pases de facturas, inundando los medios de información, haciéndole la vida imposible a toda la sociedad. Reclaman «gobernabilidad» los que ejercen el poder a gusto y placer hoy en día, como para que el ciudadano se pregunte: cuánto más poder se necesita para poder llevar adelante un país que, sumisamente, ha ido adaptando sus conclusiones a estilo tan desprolijo y donde la estrategia consiste en no tener planes para casi nada. • La Bolsa ha debido mostrar sus bondades en segmentos nuevos, en los que le ha ido más que satisfactoriamente y mucho más -como en «cheques diferidos»- de lo que casi todo el ambiente pensaba al momento de lanzarlo. Pero se sabe que la figura principal por lo cual se reconoce y se pregunta por una Bolsa: es por su sector accionario. Allí, además de mostrar lo tan cambiante de sus precios, también evidenció perder franja de mercado respecto de los llamativos títulos públicos. Con la «remake» de los VANAS (Valores Nacionales Ajustables) y con el riesgo de que estos papeles, que tanto imán crean con su cláusula de incorporar la inflación, se constituyen en foco de problemas para sus emisores. Como un fatídico ciclo, a reiterar siempre los mismos errores. Con distintos nombres.
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