14 de julio 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

La noche concitaba expectativa. No porque existieran anuncios trascendentes, costumbre que los presidentes argentinos han dejado de lado hace mucho tiempo. Antes, la Bolsa resultaba un foro con gran caja de resonancia y los gobernantes solían arribar con alguna medida inédita, que se daba a conocer esa noche. Otros tiempos...

Esta vez, la expectativa surcaba por conocer con qué tipo de alocución recibía la Bolsa de Comercio a su visitante y cuál sería la réplica, en consecuencia. A esto se agregaba que había estado presente el controvertido episodio sobre dimes y diretes, acerca de las normas sobre el «encaje» para inversiones. Llegada la hora de los discursos, el anfitrión -Adelmo Gabbi- que enhebrando los párrafos, con pensado desarrollo de menor a mayor, y llegó a una frase que marcó el punto de aceleración. Mirando al presidente de la Nación, fue directo al punto: «Las medidas sobre los encajes nos perjudican sensiblemente...». Rubricado con aplausos de los socios, esto fue prenuncio de una serie de puntualizaciones que abordaron todos los aspectos. Y el remate a variedad de puntos, y de solicitudes implícitas, llegó a una región que difícilmente podía imaginarse el auditorio -y los invitados- que sería expresada: a través de comparar sociedades abiertas con cerradas, solicitar incentivos y -específicamente- una discriminación en el Impuesto a las Ganancias.
 
A su turno, sin mostrar fastidio como en otros actos a los que concurre, Néstor Kirchner comenzó por donde era previsible. Una avalancha de rubros y de cifras, que caían sobre los asistentes con el objetivo de demostrar de qué modo habían mejorado las cosas desde su llegada al poder. Defecto habitual de quienes preparan discursos, apabullar más con números que con conceptos y eludir los temas, que realmente interesan al sector donde ha concurrido. Afortunadamente, el Presidente se apartó en varios pasajes -acaso, porque él también se aburría- y fue al encuentro de lo que la Bolsa había expuesto. Obviamente, sólo dejó la esperanza de que ciertas medidas sólo se mantendrán el menor tiempo posible -como los polémicos encajes y culminó diciendo que se encontrarían coincidencias con posturas fijadas por la entidad, así como -en este caso- tuvo palabras elogiosas para el empresariado (y hasta declamando algunos conceptos, que son de la más pura esencia capitalista).

Conclusiones:
como lo vemos, los más valioso del discurso emitido por el titular bursátil fue recuperar la dignidad de la Bolsa de Comercio. Que no titubea en exponer sus objeciones y metas, ante la visita de las máximas autoridades. Incluso, tanto como lo que expresó Adelmo Gabbi, nos llamó la atención cómo lo dijo. En tono firme, sostenido, convencido.
Tener una versión Kirchner más «light», menos belicoso, también resultó una buena versión. La noche culminó redonda.

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