Se culmina un mes que fue como «La caza del Octubre Rojo», la excelente película con la aventura de un submarino ruso, cuyo comandante ha decidido desertar. En las paralelas con los mercados que hemos visto, tendencia de las acciones a realizar un camino sin rumbo ni convicciones, solamente agitadas por las corrientes que se superponían rueda tras rueda. ¿Los desertores?, posiblemente muchos de los que están en el sistema pensando -de modo sensato- que no es un simple juego de azar y que los movimientos deben contener ciertos principios racionales. Que, especialmente en la última semana, quedaron hechos pedazos por un devenir del mercado que convirtió la tendencia en un disparate.
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Si esto es el sedimento del acto electoral local, ciertamente que es de temer lo que predice tal movimiento. Si es, en cambio, ligado a ciertos elementos de orden global, también es de temer, porque ha convertido a una alternativa de inversión en una simple sala de apuestas a diario. A nadie le conviene, ni siquiera a los favorecidos en la oportunidad, que se descalibren de tal modo los marcos mínimos con que se pueden contar.
Aquellos que otorgan cierta previsibilidad a la rueda siguiente, sobre la base de lo que ha hecho la anterior. Pero, subir con notoriedad, para caer de inmediato en un vacío, generando después otro rebote generoso, sucedido de un nuevo valle, y todos con volumen, escapan toda conclusión que se quiera sostener con bases serias. La esperanza de que hoy concluya un octubre desatinado y se puedan recomponer los marcos mínimos es lo único que queda por desear. Y antes de que cunda la sensación de que lo visto resultará la Bolsa nuestra de cada día. Claro, mientras otro sedimento electoral es oír que el sistema económico se habrá de ajustar a un principio «keynesiano heterodoxo», ya no solamente lo bursátil parece sumergido en una bruma inexplicable. Cuando entre todos se miran, para ver qué se quiso decir, en el mercado también se miran entre todos por descubrir hacia dónde se está yendo, con un mínimo de consistencia. Navegando aguas peligrosas, se recrea también la imagen del submarino ruso al que tanto quieren eliminar los de su propia bandera como los enemigos. Compradores de un día, que venden al siguiente. Vendedores decididos, que salen a comprar mañana, creando «burbujas» inesperadas que después salen torpedeadas. Nada puede justificar que un índice varíe de signo día tras día y en términos muy apreciables -como 2% que se hizo habitual- sosteniendo la base de negocios hacia ambas puntas. Lo que se suele aplicar como explicación es «volatilidad», pero aún tal característica contempla ciertos límites. Antes de convertirse en anarquía de tendencia. Si puede uno evitarse subir a una zona de «manías», es lo mejor que puede hacerse. (Si piensa que Bolsa es inversión, claro...).