La extrema endeblez que tienen de modo intrínseco las especies nacionales quedó demostrada con la jornada de angustia que se vivió en torno a los bonos: por la simple versión de que el juez norteamericano había otorgado un fallo que embargaría... etc., etcétera. Sólo una versión fue capaz de hacer caer en 3% la cotización de los papeles (para pensar, si es que la noticia se confirmaba). Pero, todo es así, al vuelo, en el aire permanente, hasta dejando de ser inversiones de riesgo, para inaugurar otra calificación: inversiones explosivas.
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A todo esto, las acciones ni se inmutaban, envueltas en un sopor que las tiene como narcotizadas y que ya no parece que se inmuten por nada.
Ese día, corría por el ambienteuna especie a la que nuestro diario título como: «Alarma:prevén enero con inflación de 2%». Que si se llega a verificar y 2006 arranca de tal manera, vamos a tener un ejercicio bien movidito, pleno de jaleos, de rabietas oficiales, de más subas de retenciones y... vaya a saberse qué nuevo modelo estrenarán, si eso no funciona. Preocupante. Como para que el año prosiga sumando ruedas finales sin poder levantar la cabeza del índice, pero esto -lo decíamos en el comentario del miércoles- es la zona visible del cuerpo indicador. En realidad, la cabeza está gacha -el martes estuvo a punto de perforar los 1.500 puntos-, porque el cuerpo tiene los pies que tienden a contraerse. Y cuando uno nota que le falta equilibrio en la base, tiende a bajar la cabeza. Como si fuera tiempo de preguntarse hasta qué punto se puede mantener la estatura alcanzada, si los pies no responden a una medida razonable. Esto es, para decirlo directo: si un Merval que estuvo en las cercanías de los 1.600 puntos, se corresponde con negocios de cuarenta, sesenta millones. El martes existió cierta ampliación, que si se mide por el porcentual, pareció superlativa: nada menos que 50% más de volumen, de uno a otro día. En cambio, siendo en cifras tan esmirriadas -subió de cuarenta a sesenta millones-, el efecto de asimilación es muy precario. La oferta, con el dedo en el gatillo, no dio por buena la dilatación de demanda y obligó a otra caída de precios. Esto marca que existe un generoso acumular de órdenes de salida, que pueden seguir « dando» a medida que se supere la asimilación.Y en qué punto se podrá ver que todo es absorbido resulta difícil de suponer. Ya quedan pocas ruedas, poco más de una semana para llegar a Navidad. Y antes de eso, desde el 23, puede decirse que el año ha culminado. En un «mercadito» como el actual todo es posible, donde algunas carteras lo quieran así, se pueden retocar las marcas con no demasiado esfuerzo. O solamente con detener el flujo vendedor potencial. De todas formas, independiente del resultado, diciembre ha tenido un trasfondo anémico: así culminamos.
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