16 de enero 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Un informe del Banco Central es elocuente para destacar la total vida vegetativa que acompaña a los «depósitos en dólares», prácticamente sin haber mostrado diferencias de uno a otro ejercicio. Y la primera impresión es que se trata de una «factura» que ahora debe pagarse, por todo lo que les ha sucedido a los ahorristas en moneda extranjera. Se ve que la memoria no es tan ligera como lo que suelen suponer los funcionarios, aunque ciertamente que suele flaquear cuando la codicia toma presencia.

Y esto empalma con otra lectura, además de que los ahorristas no quieran saber nada con depositar su dinero a expensas de cualquier ley de emergencia. Porque sucede que el «premio» al riesgo (y, en este caso, a la memoria de estar operando con fallidos que no honraron los compromisos) que brindan las entidades bancarias no supera uno, y uno y medio por ciento... ¡anual!.

El remate de tal informe sobre las tasas que se ofrecen es simplemente absurdo: se ofrece mucho menos que lo que se paga en Estados Unidos.

Así que, en realidad, lo que parece surgir más nítido es que las mismas entidades no quieren saber más nada de andar con esas brasas verdes en las manos.

Alguna inversión inmobiliaria o, simplemente, «colchón» o caja de seguridad, parece ser el puerto actual de los dólares que posee la ciudadanía. Y bastante de ello se ha ido volcando a la inversión dura -propiedades- porque no se llega a entender de qué modo se continúa con el auge de la construcción, promovido por el auge de las ventas, cuando los créditos que se dan en pesos no alcanzan a cubrir ni los inmuebles más modestos. Pretender que se otorgue préstamo de $ 100.000 (que es decir) es solamente para una élite de muy altos ingresos. Pero, si se lo pasa a dólares -que es como se venden los inmuebles- con algo más de u$s 30.000 (el equivalente) no se adquiere ni un dos ambientes.



Una de las distorsiones cómo secuela de la crisis y del modo en que ha sido tratada, vulnerando todo tipo de seguridad sobre los activos privados, origina una plaza financiera «seca» de dólares a la vista: promoviendo movimientos alternativos, o tenencias personales de los modos más variados y hasta insólitos (como alternativas al escondrijo del colchón).


A cambio, se duplicó el movimiento sobre títulos públicos -una suerte de «bonos-basura» emitidos por el mismo responsable de haberse quedado con ahorros de la gente- y se han realizado, según el MAE operaciones por más de 73.000 millones de dólares en 2005. Tres años atrás, en 2002, esto había caído a solamente u$s 5.200 millones. Y en 1997, el pico de negociación, se habían hecho operaciones por una suma que cuesta dimensionar en la actualidad: u$s 338.000 millones. (No sólo la Bolsa es difícil de entender.)

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