24 de enero 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

La evolución de algunas plazas, como la nuestra, que se situó velozmente en punta, tiene todos los condimentos para resultar: exagerada, exuberante (diría el zorro Greenspan). A menos que se crea que 10% en poco más de medio mes es un ritmo natural de marcha y cuando el contexto que predomina no habilita a presumir condiciones diáfanas y jubilosas. Ni en el mundo, ni en lo local.

Esto no significa discutir con el mercado, que dice su realidad desde los paneles y sus indicadores. Solamente implica no quedarse sólo con el número global, el del índice ponderado, y separar los tantos para no llevarse sorpresas si llega el momento de la «zafra» bursátil, ante cualquier excusa que dé para ello. O por simple voluntad de oferta que quiera llegar al punto de la ganancia realizada. De la última parte del avance, sabemos la incidencia fundamental que adquirió un solo papel -Tenaris-, rompiendo todo esquema y asumiendo una velocidad propia, muy alejada del resto. Con ello se generó un corto círculo virtuoso, aportando fuerte caudal negociado. Promoviendo los recambios posicionales e inclusive dejando liberada una cuantiosa suma (de los que vendieron Tenaris, ante la fuerte alza) que pudo rebotar en otros papeles, por gracia eventual. Es de Perogrullo saber que no siempre va a existir una Tenaris que rompa el molde, por lo que la marcha habitual hay que considerarla mucho más atildada.

Mientras la inflación continúa siendo objeto de viejos y gastados tratamientos, sin que exista el que pueda pronosticarla -seriamente- a lo largo del ejercicio, los nuevos tironeos salariales aguardan a la vuelta de las vacaciones. Las modificaciones de costos detrás de ellos -y de aumentos de servicios-, abrochando el paquete un nivel de «capacidad instalada» que está tomando un techo productivo y sin corriente de inversiones genuinas a la vista.

El conjunto mencionado, al que se le pueden incorporar otros frentes de combate posibles, es una suficiente muralla para imaginar un desarrollo trabajoso en la búsqueda de obtener beneficios de los activos. Enero, lo habíamos puntualizado al señalar cuáles resultan los períodos del año más apropiados, estuvo respondiendo a lo estadístico: es un mes francamente tentador, en muchos casos ha resultado «el dulce» del ingreso a un nuevo ejercicio, pero sin ser seguido por los meses siguientes. Se puede argumentar que la absoluta corriente de deserciones que comprende a los
plazos fijos, por tasas que prometen estar negativas frente a cualquier inflación estimada, trae consigo mucha agua para el molino de los títulos públicos y de las acciones: ergo, para lo bursátil. Debe admitirse que puede resultar, por ahora, el mejor aliado a la vista: la falta de alternativas seductoras. (Pero la curva de riesgo y utilidad está latente.)

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