10 de febrero 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Si estuviéramos a cargo de una administración de carteras de terceros, o aun solamente la propia, tomaríamos bien en cuenta las recientes menciones del titular del Fondo Monetario. Al menos, mucho más que las de cualquier funcionario local. Sin embargo, dudamos mucho que se las tome en consideración, después de que se ha creado la idea de que el organismo era causal de todos nuestros males. Lo que expresó Rodrigo de Rato es una advertencia para serenar euforias desmedidas, a lo que solemos ser tan propensos en la región. Sin especificar nombres, lo que sintetizó el titular del FMI es que «el escenario financiero benigno que estamos viviendo no será un ambiente eterno». Y agregó que «las crisis financieras no son una especie en extinción, se repetirán tarde o temprano». Abrochando los conceptos con el pronóstico de que «nos vamos a mover hacia circunstancias monetarias menos expansivas en el mundo». Y si bien no alertó sobre aumentos dramáticos de tasas de interés: «las cosas se pondrán más duras...».

Tómelo o déjelo el que desee. Lo refrescamos en nuestra columna por si algún lector no había tomado contacto con declaraciones que, en general, se dieron en modestos recuadros de los medios. Y no es porque pensemos que este señor ha inventado la pólvora, o dicho algo sofisticado, original, sino, por el contrario, porque se trata de una breve reseña de párrafos simples, entendibles por todo público, y que bien deberían alguna vez formar parte de discursos oficiales que solamente acentúan lo bien que estamos, o lo sólidos que somos. Tales expresiones podrían irrigarse a empresarios, o a gremialistas, o bien a financistas, descomedidos en sus pretensiones de pasar de una crisis a un estado de jolgorio.
 

Cualquiera sabe que dentro de los ciclos tocará de nuevo estar en el lado desfavorable. No importa tanto lo que cosechemos, lo que recaudemos, lo que hagamos internamente, sino que cuando llega la hora de la contracción, todos lo pagan. Y los utópicos que sueñan con ver a los grandes países de rodillas no advierten que en tal deseo está también la propia destrucción de los más débiles. En una sociedad a la que se le inyecta de continuo que la alta utilidad es un pecado, se le oculta que el verdadero pecado para la salud y el bienestar general es la falta de utilidad, o la muy magra.


Rato apuntó también que «las grandes economías están empezando a cambiar sus políticas monetarias. Y algunas medianas también». Un dato relevante, porque todo cambio en la cúpula termina por esparcirse y dejar sus efectos hacia abajo. Hoy tenemos que luchar palmo a palmo contra una inflación que muchos negligentes en el poder habrán considerado «especie extinguida». Es un dramático ejemplo de la improvisación vigente.

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